lunes, 16 de mayo de 2016

Reflexiones sobre lo consituyente

El gobierno ha lanzado lo que ha denominado “proceso constituyente” como mecanismo para cambiar la Constitución. Este proceso está compuesto por una primera fase de participación ciudadana mediante encuentros locales y cabildos provinciales y regionales, y una fase “institucional”, donde la Presidenta enviará un proyecto al Congreso y será éste quien deberá discutir la forma en que se materializará la nueva Constitución.

Lo enredado del proceso ha contribuido a su vez a enredar la discusión y ha llevado a las fuerzas de izquierda a cuestionar duramente el mecanismo elegido, centrando su crítica en el carácter no vinculante de los encuentros y cabildos, poniendo en duda por ende la real voluntad del gobierno de realizar un cambio de fondo a nuestra Constitución.

En las siguientes líneas trataré de aportar al debate sobre las posibilidades y límites del actual proceso, y que rol podemos jugar en él.

Participar es decidir

La experiencia de la última década de lucha de diferentes movimientos sociales en Chile, en particular el estudiantil, pero también movimientos medioambientales, regionales, étnicos, sindicales y de la diversidad sexual entre otros nos ha enseñado, a costa de muchos fracasos y promesas incumplidas, una premisa básica de la acción política: participar, es decidir. El sin número de “diálogos participativos” y “procesos consultivos” a los que hemos concurrido para que después los gobernantes concertacionistas, de derecha, o ahora de la nueva mayoría hagan lo que quieran, han ido construyendo un legítimo escepticismo ante las invitaciones a conversar que nacen desde las instituciones gubernamentales. La misma experiencia nos ha enseñado que sin lucha social, sin organización y movilización, los intereses de los excluidos por la política tradicional no se verán concretados. Y es que la delegación de nuestra fuerza en los partidos políticos del viejo (pero aún vigente) orden ha demostrado una y otra vez ser una estrategia de fracaso, en cuanto las demandas que se levantan se ven parceladas y son procesadas en código neoliberal, ya sea en su rostro “humanizante” (por ej la beca gratuidad de este gobierno que es un alivio para las familias que acceden a ella pero no es un avance en la comprensión de la educación como derecho social y por ende consolida el carácter mercantil de ésta), o en su versión más ortodoxa (el G.A.N.E. de Piñera o la Carrera Docente del actual gobierno). 

Es por esto que de un tiempo a esta parte hemos levantado la autonomía como principio esencial de nuestra política. Autonomía es no delegar en los mismos de siempre la construcción del país que queremos (recuerdo cuando el 2012 me tocó exponer como presidente FECh en la Comisión de educación del Senado, e Ignacio Walker y Ena von Baer nos decían “muchas gracias por poner el tema de educación sobre la mesa, ahora déjennos a nosotros que sabemos resolverlo”), y a su vez no pretender suplantar a los movimientos sociales que empujan por estas transformaciones. No se trata de “conducir” por arriba, sino que nuestra práctica política debe estar imbricada en las luchas sociales de hoy. 

Sin embargo, la autonomía de nada sirve si se plantea solo en negativo. En este sentido no basta con la concepción de “no delegar” por un lado, y “no suplantar” por otro, es necesario afirmar en positivo este principio fundante de nuestra política. Autonomía es emancipación, es construcción de organización de forma colectiva que se enfrenta permanentemente a la promesa neoliberal que reza que solo mediante el esfuerzo individual en competencia con tus pares es posible desarrollarse. Autonomía es entonces construcción de organización colectiva de los excluidos para decidir sobre nuestro futuro común.


Autonomía y proceso constituyente

Uno de los éxitos mediante el cual la doctrina neoliberal ha construido su hegemonía en el Chile de nuestros días es el haber instalado la idea de que el futuro común se materializa mediante decisiones individuales de los ciudadanos en el mercado, y que la democracia se reduce a la elección periódica de autoridades. Está concepción de la política y la sociedad está tan naturalizada en nuestro país que para ejercerla no resulta necesario explicitarla. Es la forma en que se nos “crió” como ciudadanos y cuesta pensar fuera de esto márgenes. Es por lo anterior que pensar por fuera de esta cancha requiere un ejercicio permanente de cuestionamiento de la propia elaboración y acción política. 

La construcción en Chile de un sujeto político autónomo ha tenido su mejor expresión en las luchas sociales que han enfrentado una y otra vez a la ciudadanía organizada con el poder en su versión institucional (el gobierno) y fáctica (el empresariado). Es en estas luchas donde reside la esencia de un proceso constituyente con vocación transformadora, que no se limita a la reivindicación gremial temporal, si no que pone en jaque el carácter mismo del Estado y el modelo de desarrollo impuesto por la alianza entre la casta política y gran empresariado (o más bien la colonización de estos últimos sobre los primeros).

En este contexto, desde mi perspectiva resulta ingenuo pensar que un proceso constituyente como el propuesto por el gobierno tiene una perspectiva realmente transformadora, que sea capaz de voltear la mesa de la alianza antes referida y poner en el centro a las comunidades empoderadas que definan su futuro común. 

Pero, y he aquí la pregunta clave, ¿significa lo anterior que las fuerzas emergentes de izquierda debemos restarnos sin más de este proceso pensando que nuestra participación en él sirve para legitimarlo? 

En mi opinión, el reducir el debate de la izquierda a si participar o no participar de la iniciativa del gobierno es entrar perdiendo. Nuestro objetivo, más que la discusión procedimental, debe ser el generar una elaboración propia sobre lo constituyente y salir a disputarla en todos los espacios posibles. Nuestra visión sobre el carácter del Estado, los derechos sociales a garantizar por éste y la desmercantilización de los mismos (educación, salud, vivienda, pensiones), la multiculturalidad que habita nuestro territorio, la descentralización efectiva del país mediante el traspaso de atribuciones a las comunidades locales, la redistribución de la riqueza que entre todos creamos, la propiedad sobre nuestros recursos naturales y su explotación armónica con nuestro medio ambiente y la vida en común, y la integración latinoamericana como eje de nuestras relaciones internacionales entre otros temas, debieran ser las discusiones que nos convoquen.

Este debate no se reducirá a los plazos que propone el gobierno, y nuestro desafío será mantener abierto el proceso y no contribuir a un cierre por arriba que clausure el debate por decreto. Pero no podemos tampoco desconocer que el debate está sucediendo. En ese sentido, ante la oportunidad de debatir con otras organizaciones sociales, con otros ciudadanos, creo honestamente que no resulta razonable negarse. No se trata de concentrar toda nuestra energía en responder cuestionarios ni llenar formularios, sino hacer el ejercicio de humildad de debatir y compartir con quienes quieren construir un Chile en común. Esto por ejemplo lo veo en Magallanes, donde a partir del trabajo de la diputación hemos generado vínculos con cientos de trabajadores y decenas de sindicatos, con juntas de vecinos y organizaciones deportivas, con clubes de adulto mayor y estudiantes. ¿Por qué no preguntarnos conjuntamente cómo es el Chile en el que queremos vivir?

El debate sobre el futuro está sucediendo hoy. No dejemos que quede en las manos de los mismos de siempre.




viernes, 1 de abril de 2016

Un Oncólogo para Magallanes

Hoy la Ministra de Salud anunció públicamente que a la brevedad Magallanes contará con una oncóloga pediatra Mexicana quien está realizando los últimos trámites para poder ejercer en nuestra región. A esto se suma la apertura de una beca de especialidad para en 2 años plazo formar un especialista en oncología infantil que se radique de forma permanente en Punta Arenas. A esto se suma que en el período de transición hasta la llegada de la especialista mexicana, 2 médicos especialistas vendrán desde Valdivia cada 15 días (alternándose las semanas) para poder darle seguimiento al tratamiento de los pacientes de la región. Finalmente, a los niños que pese a esto aún deban viajar a otra región por el carácter de su tratamiento, se les otorgarán todas las facilidades para hacer de su traslado y estadía lo más cómodo posible en atención a las circunstancias.

Eso en lo concreto, pero si vemos la historia de como se llegó hasta aquí hay un trasfondo sumamente interesante.

Todo partió cuando el único especialista oncólogo pediatra de la región renunció por motivos personales. Las autoridades le comunicaron a las familias que sus hijos deberían continuar su difícil tratamiento fuera de la región (Valdivia, Santiago o Viña) porque por la cantidad de niños enfermos no se justificaba traer un nuevo doctor. Esto sin tener en consideración lo terrible que es al cáncer, sumarle el desarraigo, la separación de la familia, los viajes, la recuperación en un lugar donde no conoces a nadie. Frente a esta realidad, las madres, padres y niños, se organizaron y levantaron un movimiento que fue haciéndose cada vez más transversal en la comunidad magallánica, alcanzando rápidamente impacto nacional (editoriales de medios de comunicación, artistas, noticias comenzaron a tratar el tema). Organizaron velatones, hicieron caravanas, realizaron intervenciones en espacios públicos, dieron entrevistas, sacaron comunicados… no se podía estar indiferente frente a su dolor, su lucha y su esperanza.

Y finalmente, decidieron utilizar en su favor a las instituciones. Rescataron del olvido un instructivo presidencial sobre participación ciudadana que establecía que la comunidad puede, juntando un determinado número de firmas, interpelar a las autoridades y citarlas a una audiencia pública donde respondan las inquietudes de los vecinos y vecinas y buscar soluciones a los problemas planteados. 

Y así lo hicieron. 

Juntaron las firmas y citaron a la Ministra de Salud a Punta Arenas. Y la Ministra vino, y respondió en una asamblea lo que el movimiento exigía. Pero no se contentaron con el problema específico de la falta de oncólogo pediatra, sino que elaboraron una propuesta para desarrollar un plan de salud para Magallanes del 2017 al 2027, plantearon el problema de la falta de especialistas en otras áreas (cardiología, nefrología, rayos, y muchos más), plantearon el caso de Daniela Soto, una chica de 22 años a quien la ISAPRE no le quiere cubrir el tratamiento, y revitalizaron la demanda de que los padres o madres de niñ@s con cáncer puedan tener acceso a una licencia de cuidado.

De los compromisos adoptados por la Ministra, nos pidieron a los parlamentarios ser garantes para fiscalizar su cumplimiento. Ahora llegó el momento de ponerse con todo a trabajar por nuestra región.

Mis más profundos respetos al movimiento que estas familias junto con ciudadanos generos@s levantaron. Así, justamente, es como debiéramos hacer política. Desde abajo hasta cambiar Chile.


Un abrazo

viernes, 26 de febrero de 2016

Declaración

Estimad@s,

Hoy se ha publicado la resolución de la Contraloría regional de Magallanes mediante la cual se decide no dar curso al acto administrativo del SERVIU que autorizaba la compraventa por el Fisco de un inmueble mediante la modalidad de trato directo,  propiedad de Patricia Buchner, Julio López, y mi padre, Luis Javier Boric.

Los argumentos que esgrime Contraloría son:

1-. Si bien el SERVIU tiene la facultad de realizar compraventas mediante la modalidad de trato directo, Contraloría estima que en este caso el SERVIU no ha justificado satisfactoriamente la necesidad de llevar adelante esta compraventa en particular a través de esta modalidad.

2-. Cuestiona el valor que se ha otorgado al metro cuadrado del inmueble, el que estima inconsistente con el valor de la tasación de un predio aledaño, y considera que hacen falta más antecedentes para determinar si el precio ofertado por el SERVIU es justo.

A partir de esto, varios medios de comunicación han presentado la noticia desde una óptica que da a entender que yo tendría algo que ver con esta situación, insinuando desde un supuesto tráfico de influencias, hasta una suerte de "Caval magallánico" en curso. Ante esto, cabe aclarar que el terreno fue comprado un año antes que yo naciera (1985), y su cambio de uso de suelo fue realizado, en atención al crecimiento de la ciudad el año 2004 (19 años después), cuando yo cursaba 1er año en la Universidad. Finalmente su compraventa fue solicitada por el SERVIU a los dueños con el objetivo de construir viviendas sociales, lo que fue analizado en sesiones públicas del Consejo Regional de Magallanes en el marco del Plan de Desarrollo de Zonas Extremas (PDZE). 

Independiente de las interpretaciones que cada quien haga del asunto, mediante la presente afirmo que jamás he realizado actuación alguna que tenga que ver con el caso en cuestión, ya que estoy plenamente consciente que de hacerlo estaría incurriendo en un flagrante conflicto de interés, pero por sobre todo porque tengo la más profunda convicción que los asuntos privados, propios o de familiares, no pueden interferir ni menos sobreponerse al rol público que hoy desempeño. 

Dicho lo anterior, y ante la resolución de Contraloría, corresponde que tanto el SERVIU como los vendedores (entre ellos mi padre), solucionen las objeciones que el organismo contralor ha planteado, o bien, de no ser ello posible, desistan de la compraventa en cuestión.

Termino afirmando que entiendo que en tanto funcionario público estoy expuesto a la más acuciosa revisión de mis actuaciones, lo que me parece sumamente deseable para asegurar una total transparencia en el desempeño de mi función. Este examen no debe limitarse solo a la no transgresión de las normas legales, sino que además exige un comportamiento ético que va más allá de ley, cuyo estándar exigible es mayor que el de cualquier ciudadano que no desempeña un cargo público.


Por último, para quienes quieran investigar más sobre el tema, les dejo algunos links sobre el asunto 


- Objeciones de la contraloría a la compraventa de terreno (noticia)

- Resolución de contraloría que objeta compraventa y decreto del SERVIU que autoriza trato directo (posteriormente objetado) http://ellibero.cl/wp-content/uploads/2016/02/Dictamen-de-la-Contralori%CC%81a-Regional-de-Magallanes-sobre-terreno-del-padre-del-diputado-Boric.pdf

- Aprobación del CORE de recursos para compraventa http://www.radiopolar.com/noticia_101611.html




viernes, 19 de febrero de 2016

Joaquin, el cancer, el centralismo y la salud en Chile

Joaquín, desde Magallanes está luchando por su vida. Joaquín tiene cáncer. Pero Joaquín no lucha solo por ganarle al cáncer, tiene que luchar también contra el centralismo y el sistema de salud. Joaquín hasta hace poco se antendía en su ciudad, Punta Arenas, pero el único oncólogo infantil que había se fue. A Joaquín ahora le dicen que si quiere vivir, se tiene que ir a Valdivia, sin toda su familia, sin sus amigos, sin su hogar. Joaquín no se quiere ir, y hoy, está dando la pelea para que la salud sea un derecho, sin importar donde vivas. A Joaquín hace poco le respondió el Ministro (s) de Salud. Le dijo que como habian pocos oncólogos, para que uno uno se vaya a Magallanes tenían que haber más niños enfermos, como 50. Y en Magallanes, los niños con cáncer son menos que 50, asi es que, dice el Ministro, Magallanes no va a tener un oncólogo infantil. El Ministro, parece que no conoce a los magallánicos.
Hace un par de años, antes de que se creara la unidad de oncología en el Hospital Clínico de Magallanes, a mi abuelita le dio cáncer. Se tuvo que ir a Valdivia. El tratamiento fue igual de doloroso que la enfermedad. El desarraigo, la pensión húmeda, mi mama viajando a acompañarla, mi hermano chico quedándose solo con mi viejo. El dolor, el desarraigo, la angustia, la soledad. No se lo deseo a nadie.
La lucha de Joaquín es de todos nosotros. Necesitamos un oncólogo urgente, y también necesitamos cambiar de raíz nuestro sistema de salud. Que deje de ver número y vea caras, que deje de calcular rentabilidades y calcule dignidad. Por Joaquín, y por tod@s...


miércoles, 27 de enero de 2016

Ideas locas que se me ocurren derepente

Por la pega me toca viajar harto en avión. Nunca me ha gustado, me imagino que se va a caer, que vamos a morir, pienso en que haría pa salvarme, cuántos sobrevivirían, qué pasaría si cae al mar, que sería mejor que caiga en la tierra y mil voladas más. Últimamente, como estoy más cansado, me quedo dormido al toque, incluso a veces antes de despegar, y eso lo hace más llevable. Pero sigue no gustándome pq me angustia la idea de no tener nada que hacer si pasa algo y el avión se cae.

En esa estaba en mi último viaje desde Punta Arenas a Stgo cuando se me ocurrió una idea pal futuro. Es de esas ideas de inventos que a uno se le ocurren de repente y que piensa "en algún momento algún científico/inventor estilo girosintornillo la va a hacer". Consiste en lo sgte:

Los asientos de los aviones debieran tener un botón que en caso de que el avión comience a caer de manera inevitable, uno pudiera apretarlo y saliera un burbuja de algún material ultra resistente que no se rompa en el impacto y por dentro de ella amortigüe el golpe. Además, esta suerte de burbuja debe tener la propiedad de poder flotar (en caso de que la caída sea en el mar), un orificio para poder respirar una vez estabilizada en el agua, y además un gps incorporado pa que sea más fácil que te puedan encontrar.

Esa es la idea... ¿muy vola'?


Pd: Porfa los graves, los opinólogos profesionales y los medios poco serios que andan buscando cualquier cosa pa inventar una noticia y ganar un click, pasen de largo.

miércoles, 20 de enero de 2016

Reportaje de la "Qué Pasa" y la política como vacío formal

La prensa, como muchos de los actores que hoy están en la institucionalidad, ven y entienden la política como un simple juego de elecciones y enroques de poder formal, reduciendo así la democracia a una suerte de mercado por cargos públicos que poco tiene que ver con los anhelos y las luchas de la mayoría de la sociedad.
Este artículo de la revista Qué Pasa es una expresión prístina de esto. Habla de pactos, de reuniones, de frentes amplios, de partidos manejados por supuestos caudillos y de candidaturas presidenciales, omitiendo los debates sustantivos sobre qué es hacer política desde la izquierda en Chile hoy.
En Izquierda Autónoma estamos en pleno proceso de constitución como fuerza nacional, y entendemos que para llevar adelante una transformación estructural de nuestro país se necesitan alianzas amplias que no pueden quedarse en la mera disputa electoral, porque lo que está en juego no es sólo la correlación de fuerzas en las instituciones estatales, sino las formas de reproducción capitalista de la vida. Es eso lo que queremos combatir y frente a lo que oponemos la recuperación de la herencia yacente del proyecto socialista y su reconstrucción. Para ello se necesita mucho diálogo y trabajo conjunto con diferentes fuerzas y actores sociales en función de principios y convicciones comunes, respetando la diversidad de miradas que debe comprender un objetivo tan ambicioso como es repensar nuestra sociedad y cómo nos relacionamos humanamente en ella. Solos no llegaremos a ningún lado.
El resto, como está planteado al menos en este reportaje que está lleno de cosecha propia de la revista misma es en fondo puro cahuín electoralista. Y el cahuín electoralista, no nos interesa.

Discurso Apertura asamblea Izquierda Autónoma

Estimad@s, el fin de semana recién pasado después de casi un año y medio de debate interno, tuvimos nuestra Asamblea nacional de Izquierda Autónoma, en la cual resolvimos nuestro marco táctico, plan político y propuesta orgánica, que implicará en el breve plazo una serie de elecciones internas para dotarnos de nueva institucionalidad con el fin de dar inicio a nuestro proceso constituyente como fuerza política nacional. En ese marco, me fue encomendada la tarea de dar uno de los dos discursos de apertura de esta jornada (el otro fue de la presidenta de la FECh Camila Rojas), que quiero compartir con todos y todas quienes enarbolan la esperanza que otro Chile es posible, y que podemos aportar desde nuestro trabajo en su construcción.



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Hace más de 10 años, un compañero me dijo que la historia es como un tren antiguo, de esos a vapor. Un tren al cual los sectores progresistas (utilizar esa palabra puede resultar equívoco en estos días, después me detendré en eso) le dan la dirección, pero son los conservadores los que le ponen el carbón. Así, la humanidad avanza a cuestas y tropezones, a veces incluso retrocede, pero no se detienen los procesos sociales, esos que terminaron con la esclavitud, que establecieron que la soberanía recae en el pueblo (aunque pocas veces se cumpla), que permitieron el sufragio a las mujeres, que combatieron la discriminación racial, que botaron tantas dictaduras y que hoy siguen luchando por causas tan justas como el derecho a un aborto libre y seguro, el matrimonio igualitario, una vivienda digna, la educación pública, la redistribución justa de la riqueza… en el fondo, la permanente lucha por la soberanía de nuestras vidas.

Ninguno de estos avances se han logrado por la vía del simple consenso. Nada nos ha sido regalado. Y la oposición al progreso tiene miles de caras, desde el fusil y la bota militar, hasta el mismo estado y sus reglas. Es cosa de recordar el editorial de El Mercurio sobre las condiciones de trabajo en las salitreras del norte, un día antes de concretarse una de las masacres más horrorosas de Chile, la de la Escuela Santa María de Iquique.

““Las condiciones en que se desarrolla el trabajo en faenas las salitreras, colocan al obrero en situación ventajosa respecto de las demás labores de explotación agrícola o industrial del resto del país“ o ““el jornal alto, la habitación gratuita, la pulpería a precios equitativos, la alimentación abundante… compensan sobradamente el esfuerzo del hombre, los rigores del clima y las arideces del territorio”.

2200 obreros, chilenos, peruanos, bolivianos y argentinos fueron asesinados el 21 de Diciembre de 1907. 

Días después de concretada la masacre, el mismo diario afirmaba que en virtud del orden público y la propiedad privada, se justificaban las acciones tomadas. 

Más de 100 años después, son los mismos los que, con ínfulas de razón y verdad revelada, enjuician a estudiantes, trabajadores, mapuches, mujeres y tantos otros y otras que luchan por el avance de la historia. Ya sea en los editoriales de sus diarios, en los comedores de sus casas o en los pasillos de sus ministerios, en Chile o en cualquier lugar del mundo, siguen con la misma arrogancia defendiendo su condición de dominio sobre el resto.

Pero, y he aquí la confusión, ¿dónde están los sectores progresistas que debieran pujar por cambiar esta historia? 

Ya no basta con llamarse a uno mismo progresista si acto seguido vas a golpear las puertas del empresariado que defiende lo que discursivamente tu dices combatir. Ya no basta apelar a la responsabilidad y forjar unidad sin principios en oposición a la derecha con la que te has mimetizado y pactado. Ya no basta con que tu partido lleve el nombre de un proyecto colectivo que en la práctica has renunciado a construir.

El problema al que hoy nos enfrentamos es que los sectores que empujan el progreso de la humanidad, hoy en Chile están dispersos. Destruidos a sangre y fuego por la dictadura y marginados por el pacto de la transición han deambulado por nuestra democracia pactada como fantasmas que no terminan de dejarse ver. Aparecen de tanto en tanto para recordarle al poder que nunca el hombre está vencido, que su derrota es siempre breve. Pero no es suficiente. Porque mientras las condiciones de explotación del hombre por el hombre adoptan nuevas formas, la organización de los explotados sigue siendo fundamental para cortar de raíz la reproducción de este sistema. Los obreros del salitre de ayer hoy se llaman Nelson Quichalleo y Rodrigo Cisternas, tienen la cara de Ruth Velázquez y de las mujeres asesinadas por el solo hecho de ser mujeres, se nos presentan en la angustia de las familias endeudas, en los campesinos a los que les roban el agua y en os trabajadores precarizadosf que son la amplia mayoría de nuestro país.


¿Qué hacer frente a esta realidad apremiante?

No hay recetas mágicas, lo sabemos. Menos aún cuando estamos ante un ciclo capitalista largo que en su transición del capital industrial al capital financiero no reconoce fronteras y en su versión chilena neoliberal está imbricado en todos los aspectos de nuestra sociedad y en nuestras relaciones sociales. Pero no podemos quedarnos de brazos cruzados ni apelar a un determinismo fatuo que pregona sin hacer. Si hoy estamos reunidos aquí, si hoy hemos venido de todo Chile, desde Magallanes a Arica, pasando por Temuco, Valdivia, Antofagasta, Iquique, Concepción, Aysén y Valparaíso, es porque hemos decido actuar, y porque frente a nosotros, hay una herencia yacente que debe ser reclamada.

Una herencia yacente, como nos recuerda el viejo socialista Belarmín Elgueta, es una herencia que no tiene herederos que la reclamen. Ahí está, tirada, abandonada por quienes desde burocracias partidarias hablan en su nombre. El socialismo, hoy por hoy, insisto, es una herencia yacente que debe ser reclamada. 

Y para eso estamos aquí, y entendemos esta herencia no como una figura estática, sino como una construcción colectiva que se proyecta en cada uno de nuestros actos. Por eso es tan desafiante este momento, porque venimos  desde todo a Chile a reafirmar la convicción de que otra sociedad es posible, que para construirla necesitamos organizarnos y que para ello se requiere trabajo y determinación.

No partimos de cero. Estamos parados en hombros de gigantes, pero además, nuestra misma fuerza ha llevado adelante un trabajo inestimable de elaboración diálogo, debate. Este proceso no ha estado excento de tensiones, de momentos difíciles en donde avanzar pareciera costar más de lo necesario. Pero hemos salido adelante. Por eso, quiero reconocer en estas palabras de apertura el trabajo que han realizado todos y todas quienes han participado en el proceso que hoy nos tiene aquí. Desde el legado de la Surda, hasta el esfuerzo de cada militante que en sus distintos espacios entrega su tiempo y su esfuerzo a este sueño. Quiero en particular agradecer a todas y todos quienes han sido parte de la mesa de convergencia. Sin la pega que han realizado, seguramente esta asamblea no sería posible.

No somos los únicos que estamos dando estas peleas. A nuestro lado se levantan distintas organizaciones que también buscan recorrer este camino. Tenemos que encontrarnos, sin duda. y para ello, será pieza fundamental la unidad con la que actuemos. 

Desde el parlamento, me ha tocado ver de manera directa la descomposición de la vieja política. No queremos ser como ellos, no queremos reemplazarlos para continuar sus lógicas y sus prácticas. Queremos subvertir este sistema para construir uno nuevo, y nos une la convicción de que esto es posible. No seguiremos siendo espectadores de la forja de un mundo inhumano y ajeno, no seremos sangre nueva para viejas derrotas.

La historia es nuestra, de todos.

Como decían nuestros viejos compañeros, aquí nada termina, cada día es continuar.


Con la esperanza intacta, adelante…

Sábado 16 de Enero de 2016