jueves, 17 de mayo de 2018

Marea feminista

Yo era de esos hombres que en el colegio (y en algunos casos bien avanzado en la Universidad, osea, hasta hace no tanto tiempo) decía "que niñita" cuando quería reprochar a alguien su falta de arrojo, de los que trataba de "madres" con tono de insulto a los hinchas de la U, y de los que afirmaban con orgullo que no jugaría winning con mujeres, ni menos un partido de fútbol de verdad. Cuando me preguntaban qué hacia mi mama, respondía automáticamente "nada, es dueña de casa" porque no me daba cuenta que el trabajo reproductivo que realizaba día a día era el que nos permitía a los 4 hombres de la familia hacer con naturalidad nuestras actividades. Más de una vez me burlé del lenguaje inclusivo y en mi militancia política levanté el tono en muchas asambleas para imponer mi argumento, o miré el celular cuando una compañera hablaba. En una ocasión incluso, siendo ya diputado, inconcientemente ningunié a una compañera comentando con otro hombre que esperaba más de ella, pese a que en ese momento era estudiante, madre, trabajadora y además había asumido un cargo de responsabilidad política en nuestra organización. Nunca fui de decir piropos, pero en más de una oportunidad me sentí con la libertad de comentar en un espacio público sobre el cuerpo de una compañera sin su consentimiento.
Algunos creen que para ser machista hay que haber golpeado o acosado/abusado sexualmente a una mujer. Que el todo el resto son solo "pequeñas humillaciones" y que las feministas "le están dando color". Yo creo que no, que nos están enseñando después de muchos muchos años de violencia naturalizada que tienen el mismo derecho a desplegarse en el mundo con libertad. Sin miedo. Humanamente diferentes pero socialmente iguales (como a principios de siglo ya afirmaba Rosa Luxemburgo). Y eso también es una lucha de poder.
Hoy soy conciente que ser hombre trae consigo una serie de privilegios que son sencillamente injustos. Y que por lo tanto ya no basta con solidarizar con nuestras compañeras que han liderado esta lucha, no basta con decir que apoyamos, ni declararse nominalmente feministas. Tenemos también, como hombres, que despercudirnos de nuestros privilegios que hemos heredado por el solo hecho de ser hombres. Y no va a ser fácil, pero creo que es la manera más honesta de hacernos parte, sin pretender una vez más ser protagonistas, de este cambio epocal que estamos viviendo.
Hoy entiendo el valor del trabajo reproductivo, juego fútbol con una amiga, creo que el acoso callejero es violencia y respeto el doble a mis compañeras de militancia. Y aunque creo haber avanzado, no tengo cara para decir que soy feminista con todo el machismo que aun vive conmigo. Pero me comprometo compañera, a dar lo mejor de mi para erradicarlo y poder acompañar en este momento histórico. En segunda fila, pero con la convicción y esperanza de que en estos tiempos se está jugando la posibilidad de un mundo más justo e igualitario.
Gracias por tanto a las mujeres que hoy están cambiando para siempre nuestra sociedad.


7 comentarios:

Ana Karina dijo...

Gracias Gabriel! Espero que tu pensar y sentir se reproduzca rápidamente en ésta, nuestra sociedad.

Francisca Soto dijo...

Justo hace unos días alguien me dijo que "ahora a las mujeres no les puedes ni decir que son lindas, porque se enojan" y yo intentando explicarle el contexto por el que se generó eso y hablando del machismo me terminó diciendo que él no era machista "he estado con mujeres ebrias y nunca las he violadio ni he abusado de ellas, incluso las voy a dejar a su casa aunque sean las 3 de la mañana" y pensaba, como hacerle a entender a alguien que el machismo no es solo agresión física y/o verbal, va en una cosa de fondo, de pensamiento, comentarios que hoy incluso mujeres hacemos y que hemos naturalizado, lo que no significa que seamos malas personas, solo significa que tenemos que cambiarlo, tener la fuerza y voluntad de quitar esas costumbres que no son sanas ni inclusivas. Gracias por darnos esperanzas, porque aunque cuesta, palabras como estas nos motivan a seguir luchando e intentando re-educar a la gente, nos haces darnos cuenta que sí hay gente que lo entiende y que sí podemos lograr lo que nos propongamos.

Mona Rubilar A. dijo...

Gracias Gabriel esta es justamente la actitud que se necesita de parte de la gente que quiere apoyar en este cambio; que se sabe será de muy larga data, pero que se ha iniciado y no se detendrá. Un fuerte abrazo!

Unknown dijo...

Estas siendo complice de la creación de una sociedad de mierda, donde cada vez la tiranía Feminista está matando lo más sagrado de la sociedad ( la familia ) si tú Mamá no ubiese Sido la madre que fue, ( machista ) no te hubiese dado el amor y la crianza que te dió y por ende no serias el que eres. Habré los ojos y hoy día un movimiento feminista no tiene ningún sustento social,ya que las mujeres que realmete sufrieron del machismo lo encuentrar ordinario y exsajerdo.

Darío Cifuentes dijo...

Gracias, Boric, esto representa ustamente lo que he estado pensando el último tiempo.

Anónimo dijo...

Depone tu cargo en el congreso por razones de salud e instala a una mujer en tu lugar sin reclamar compensación a cambio.

Es lo mínimo que puedes hacer en coherencia con todo tu asqueroso machismo y privilegio blanco hétero, ya que claramente no mereces tu bienestar ni posición, de no ser hombre, blanco y héteroseuxal, jamás habrías sido el rostro del movimiento estudiantil.

O crees que después de toda una vida maltratando a las mujeres, una simple disculpa va a arreglar todo tu historial opresor y violento?

Dale, coherencia, deja tu cargo por razones de salud.

Gino Rojas dijo...

Su caso no es el mío,para mí las mujeres siempre serán mujeres,y maricon es el hombre que las atacan las ofenden y las golpean y más negarles sus derechos,,,como el maricon ministro de salud el maricon ministro de educación,el maricon ministro de justicia,en chancho maricon ministro de interior,,,y también como el yerko, que más que de izquierda parece haberse subido(como el Ricardo lagos)al carro de los fachos,para denostarlas y vulnerar sus derecho por la envidia propia de no ser ellas