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jueves, 1 de octubre de 2015

Nueva intervención Carrera Docente

Tenemos en la boca un sabor amargo, porque la puerta que abrieron décadas de movilizaciones, de malestar de familias endeudadas, de luchadoras y luchadores sociales para recuperar la educación como derecho social, poco a poco se ha ido cerrando. El consenso social de la necesidad de una reforma educacional estructural, que termine de una vez por todas con el mercado en la educación, que nos costó a miles de chilenas y chilenos años construir (incluso con un asesinado en el proceso como Manuel Gutierrez), en solo un año y medio ha sido dilapidado por una torpeza política inaudita por parte del gobierno.

Profesoras y profesores de todo Chile advirtieron al Gobierno su disconformidad con el proyecto agobiante y descalificador con la labor docente y de manifiesto carácter neoliberal que presentó el entonces ministro Eyzaguirre. Y el Gobierno optó por pasarles por encima, desperdiciando una contundente oportunidad de reconocer el valor de la labor docente en contexto de una reforma sustantiva a la educación.

El proyecto políticamente es sordo al malestar de la ciudadanía y al agobio de los profesores. Además adolece de severos problemas técnicos. Insiste en el mito de que al profesor se mide por sus resultados. Pero ello es imposible de medir en un estudiante, porque es un producto de una sociedad mucho más rica en diversidad y complejidad. Entonces, el proyecto persigue realizar una prueba de conocimiento, luego discute que debiera incorporar un portafolio, luego se discute que el portafolio es insuficiente, que hay que enriquecerlo. Y así eludimos discusiones centrales: el agobio laboral, la cantidad de alumnos en sala, el salario condicionado por la evaluación. El camino propuesto por el Gobierno, una ley cuestionable que luego hay que “perfeccionar” o “desempeorar” en el camino legistlativo, ha jugado concretamente en contra de discutir estos elementos que son centrales.

Nuestra responsabilidad es histórica, pues podemos optar por dos caminos cada vez más excluyente. Tomamos el camino de volver “menos malas” las reformas en donde se manifiesta que la voluntad política que las sostiene es incapaz de cumplir sus propias promesas, o nos rearticulamos y rearticulamos nuestra iniciativa para, desde el profundo malestar arraigado en la ciudadanía frente a la mercantilización de nuestros derechos, construir verdadera capacidad de incidencia política. A cada segundo que nos demoremos en tomar esa decisión, la posibilidad de cambio se cierra.

Esta es una responsabilidad que, en nuestra opinión, tenemos con todas esos trabajadores y trabajadoras de la educación que se han movilizado. Los profesores han visto precarizada su situación de modo sistemático las últimas décadas y el agobio que sufren es real. Ya en ese sentido su movilización es legítima. Pero nunca renunciaron a poner en el corazón de su discurso el derecho a la educación y la necesidad de pensarlo desde lo público. No abandonaron la centralidad de terminar con el agobio. Reafirmaron esa posición cada vez que hubo que salir, junto a otros actores de la educación, a manifestarlo en las calles y cada vez que hubo que hacerlo también en urnas, votando contra de las propuestas con que el Gobierno intentó cerrar este tema, en las que incluso les ofertaban alzas de sueldo. Su movilización nos parece admirable y llena de dignidad.

Por otro lado, lamentamos el ánimo represivo que contra los profesores se levantó desde diversos municipios, pero también centros de estudio, fundaciones, etc. que sistemáticamente sindicaron a los profesores como responsables de la crisis de la educación, con un irresponsable ánimo de quitarles tuición sobre su disciplina e incluso con la abierta amenaza de quitarles su sueldo.

El Gobierno aún tiene oportunidad de hacer cambios que dignifiquen la profesión docente y devuelvan capacidad de decidir sobre la misma. Próximamente se rendirá la prueba SIMCE, conocida herramienta que levanta señales de mercado para la competencia de colegios por subsidios y restringe ostensiblemente la profesión. Seguir con la luz verde o ponerle Alto al SIMCE, será otra señal que el Gobierno enviará a la sociedad en relación a la propia voluntad política de construir una reforma que vuelva a potenciar lo público para poder volver a entender la educación como un derecho.


jueves, 23 de julio de 2015

Intervención Carrera Docente

Estimad@s, comparto, con mucha frustración, pero también con esperanza en el futuro, mi intervención de hoy en el debate en sala sobre el proyecto de gobierno sobre Carrera Docente.




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Ayer, un compañero me preguntaba si estaba contento con el rechazo en la Comisión de Educación. La pregunta me descolocó. Porque si bien ayer plantee que no se votara, no puedo estar contento con el escenario que, todos los actores involucrados, hemos terminado construyendo. No puedo estar contento porque somos miles en Chile, quienes desde diferentes frentes, estudiantes, profesores, trabajadores, familias enteras, hemos luchado por años por una reforma educacional que sea el pilar para construir un Chile más justo e igualitarios. Y es que me provoca una frustración enorme el ver como el gobierno, con una torpeza política infinita, ha ido sistemáticamente dilapidando el apoyo mayoritario que hace solo un año y medio tenía la necesidad de esta reforma. 

Este es un día negro para la lucha por una reforma educacional en Chile. Tras meses de movilización y paro, el gobierno se apresta a aprobar un proyecto de carrera docente que cuenta con el rechazo de la mayoría de los profesores de este país.

Esta no es la manera de hacer una reforma en educación. No es posible hacer una reforma en contra de las mismas personas que van a tener que llevarla a cabo y hacerla funcionar. El gobierno pareciera enfrascado en un gallito con los profesores que se oponen al proyecto. En vez de abrirse al diálogo, y la busca de acuerdos, el gobierno no ha estado dispuesto a discutir el corazón de este proyecto, solo a hacer ajustes en el margen.

Algunos dirigentes del colegio de profesores han manifestado que los cambios ofrecidos por el gobierno son suficientes. Sin embargo, hasta ahora, en todos las decisiones democráticas que ha tomado el colegio la posición ampliamente mayoritaria ha sido que este no es el proyecto que Chile necesita.

¿Cuál es el criterio? ¿Debemos oponernos a este proyecto por insuficiente o aprobarlo y valorar sus avances?

Nuestro criterio, y que es coherente con las movilizaciones en que hemos participado desde el año 2005 cuando nos enfrentamos al proyecto del CAE de Lagos y Bitar, es que avanzar es avanzar en construir una nueva educación pública.

Como han señalado muchísimas voces desde el mundo educacional, y nosotros desde Izquierda Autónoma y la Fundación Nodo XXI, una reforma de la carrera docente, pensada desde la educación pública debería proponerse:

1. Fortalecer la formación inicial a través del fortalecimiento de las instituciones públicas.

2. Entender la carrera docente como un régimen laboral para todos los profesores de instituciones que reciban financiamiento del Estado, es decir, incluyendo a los colegios particular subvencionados.

3. Que la evaluación, muy necesaria en una buena carrera docente, sea entendida como una herramienta de perfeccionamiento, y no, como una señal de mercado para asignar salarios. De este modo, reconocer la mucha importancia de la antigüedad, el perfeccionamiento y las responsabilidades de cada profesor.

4. Que se reconozca la tuición de los profesores sobre la enseñanza, lo que significa entregar mayor autonomía a los profesores y a las comunidades educativas para preparar, planificar y evaluar.

¿Está este espíritu en la reforma que diseño el ministro Eyzaguirre? No, no lo está. El gobierno ha estado abierto a hacer ajustes en el margen a su proyecto, pero no a discutir la visión de educación que este representa, que es la visión que parte desde la desconfianza en los profesores, y que entiende la educación como un mercado que debe ser regulado. Es decir, una visión de derecha en educación.

Ustedes pueden aprobar este proyecto, tienen los votos. Pero cuando este proyecto sea ley, nadie lo celebrará. Lo mismo que ocurrió con la ley de inclusión. Será uno más de las leyes de este gobierno que, por hacerse rápido y mal, apenas aprobados debemos empezar a discutir sobre su reforma.

Pero no todo está perdido. Aún hay tiempo. Hago un sentido llamado a todas las fuerzas de cambio, progresistas y de izquierda a rechazar hoy este proyecto, como una señal al gobierno de que debe enmendar el rumbo. No podemos aprobar un proyecto hecho contra la mayoría de los profesores del país, y sustentado en una visión de mercado de la educación. No es grave esperar un año, si esa oportunidad la aprovechamos para lograr la validación social indispensable para una reforma educacional. Ministra: quedan muchos proyectos de educación por discutir. La reforma que la mayoría de Chile pide aún es posible. Es necesario enmendar el rumbo, aprender de lo que han sido este año y medio de gobierno, y convocar realmente a participar y a decidir a todos los actores que llevamos años peleando por una reforma que cambie la herencia de la dictadura en educación. Comprometo desde ya, todo nuestro apoyo para esto.