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miércoles, 20 de enero de 2016

Reportaje de la "Qué Pasa" y la política como vacío formal

La prensa, como muchos de los actores que hoy están en la institucionalidad, ven y entienden la política como un simple juego de elecciones y enroques de poder formal, reduciendo así la democracia a una suerte de mercado por cargos públicos que poco tiene que ver con los anhelos y las luchas de la mayoría de la sociedad.
Este artículo de la revista Qué Pasa es una expresión prístina de esto. Habla de pactos, de reuniones, de frentes amplios, de partidos manejados por supuestos caudillos y de candidaturas presidenciales, omitiendo los debates sustantivos sobre qué es hacer política desde la izquierda en Chile hoy.
En Izquierda Autónoma estamos en pleno proceso de constitución como fuerza nacional, y entendemos que para llevar adelante una transformación estructural de nuestro país se necesitan alianzas amplias que no pueden quedarse en la mera disputa electoral, porque lo que está en juego no es sólo la correlación de fuerzas en las instituciones estatales, sino las formas de reproducción capitalista de la vida. Es eso lo que queremos combatir y frente a lo que oponemos la recuperación de la herencia yacente del proyecto socialista y su reconstrucción. Para ello se necesita mucho diálogo y trabajo conjunto con diferentes fuerzas y actores sociales en función de principios y convicciones comunes, respetando la diversidad de miradas que debe comprender un objetivo tan ambicioso como es repensar nuestra sociedad y cómo nos relacionamos humanamente en ella. Solos no llegaremos a ningún lado.
El resto, como está planteado al menos en este reportaje que está lleno de cosecha propia de la revista misma es en fondo puro cahuín electoralista. Y el cahuín electoralista, no nos interesa.

Discurso Apertura asamblea Izquierda Autónoma

Estimad@s, el fin de semana recién pasado después de casi un año y medio de debate interno, tuvimos nuestra Asamblea nacional de Izquierda Autónoma, en la cual resolvimos nuestro marco táctico, plan político y propuesta orgánica, que implicará en el breve plazo una serie de elecciones internas para dotarnos de nueva institucionalidad con el fin de dar inicio a nuestro proceso constituyente como fuerza política nacional. En ese marco, me fue encomendada la tarea de dar uno de los dos discursos de apertura de esta jornada (el otro fue de la presidenta de la FECh Camila Rojas), que quiero compartir con todos y todas quienes enarbolan la esperanza que otro Chile es posible, y que podemos aportar desde nuestro trabajo en su construcción.



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Hace más de 10 años, un compañero me dijo que la historia es como un tren antiguo, de esos a vapor. Un tren al cual los sectores progresistas (utilizar esa palabra puede resultar equívoco en estos días, después me detendré en eso) le dan la dirección, pero son los conservadores los que le ponen el carbón. Así, la humanidad avanza a cuestas y tropezones, a veces incluso retrocede, pero no se detienen los procesos sociales, esos que terminaron con la esclavitud, que establecieron que la soberanía recae en el pueblo (aunque pocas veces se cumpla), que permitieron el sufragio a las mujeres, que combatieron la discriminación racial, que botaron tantas dictaduras y que hoy siguen luchando por causas tan justas como el derecho a un aborto libre y seguro, el matrimonio igualitario, una vivienda digna, la educación pública, la redistribución justa de la riqueza… en el fondo, la permanente lucha por la soberanía de nuestras vidas.

Ninguno de estos avances se han logrado por la vía del simple consenso. Nada nos ha sido regalado. Y la oposición al progreso tiene miles de caras, desde el fusil y la bota militar, hasta el mismo estado y sus reglas. Es cosa de recordar el editorial de El Mercurio sobre las condiciones de trabajo en las salitreras del norte, un día antes de concretarse una de las masacres más horrorosas de Chile, la de la Escuela Santa María de Iquique.

““Las condiciones en que se desarrolla el trabajo en faenas las salitreras, colocan al obrero en situación ventajosa respecto de las demás labores de explotación agrícola o industrial del resto del país“ o ““el jornal alto, la habitación gratuita, la pulpería a precios equitativos, la alimentación abundante… compensan sobradamente el esfuerzo del hombre, los rigores del clima y las arideces del territorio”.

2200 obreros, chilenos, peruanos, bolivianos y argentinos fueron asesinados el 21 de Diciembre de 1907. 

Días después de concretada la masacre, el mismo diario afirmaba que en virtud del orden público y la propiedad privada, se justificaban las acciones tomadas. 

Más de 100 años después, son los mismos los que, con ínfulas de razón y verdad revelada, enjuician a estudiantes, trabajadores, mapuches, mujeres y tantos otros y otras que luchan por el avance de la historia. Ya sea en los editoriales de sus diarios, en los comedores de sus casas o en los pasillos de sus ministerios, en Chile o en cualquier lugar del mundo, siguen con la misma arrogancia defendiendo su condición de dominio sobre el resto.

Pero, y he aquí la confusión, ¿dónde están los sectores progresistas que debieran pujar por cambiar esta historia? 

Ya no basta con llamarse a uno mismo progresista si acto seguido vas a golpear las puertas del empresariado que defiende lo que discursivamente tu dices combatir. Ya no basta apelar a la responsabilidad y forjar unidad sin principios en oposición a la derecha con la que te has mimetizado y pactado. Ya no basta con que tu partido lleve el nombre de un proyecto colectivo que en la práctica has renunciado a construir.

El problema al que hoy nos enfrentamos es que los sectores que empujan el progreso de la humanidad, hoy en Chile están dispersos. Destruidos a sangre y fuego por la dictadura y marginados por el pacto de la transición han deambulado por nuestra democracia pactada como fantasmas que no terminan de dejarse ver. Aparecen de tanto en tanto para recordarle al poder que nunca el hombre está vencido, que su derrota es siempre breve. Pero no es suficiente. Porque mientras las condiciones de explotación del hombre por el hombre adoptan nuevas formas, la organización de los explotados sigue siendo fundamental para cortar de raíz la reproducción de este sistema. Los obreros del salitre de ayer hoy se llaman Nelson Quichalleo y Rodrigo Cisternas, tienen la cara de Ruth Velázquez y de las mujeres asesinadas por el solo hecho de ser mujeres, se nos presentan en la angustia de las familias endeudas, en los campesinos a los que les roban el agua y en os trabajadores precarizadosf que son la amplia mayoría de nuestro país.


¿Qué hacer frente a esta realidad apremiante?

No hay recetas mágicas, lo sabemos. Menos aún cuando estamos ante un ciclo capitalista largo que en su transición del capital industrial al capital financiero no reconoce fronteras y en su versión chilena neoliberal está imbricado en todos los aspectos de nuestra sociedad y en nuestras relaciones sociales. Pero no podemos quedarnos de brazos cruzados ni apelar a un determinismo fatuo que pregona sin hacer. Si hoy estamos reunidos aquí, si hoy hemos venido de todo Chile, desde Magallanes a Arica, pasando por Temuco, Valdivia, Antofagasta, Iquique, Concepción, Aysén y Valparaíso, es porque hemos decido actuar, y porque frente a nosotros, hay una herencia yacente que debe ser reclamada.

Una herencia yacente, como nos recuerda el viejo socialista Belarmín Elgueta, es una herencia que no tiene herederos que la reclamen. Ahí está, tirada, abandonada por quienes desde burocracias partidarias hablan en su nombre. El socialismo, hoy por hoy, insisto, es una herencia yacente que debe ser reclamada. 

Y para eso estamos aquí, y entendemos esta herencia no como una figura estática, sino como una construcción colectiva que se proyecta en cada uno de nuestros actos. Por eso es tan desafiante este momento, porque venimos  desde todo a Chile a reafirmar la convicción de que otra sociedad es posible, que para construirla necesitamos organizarnos y que para ello se requiere trabajo y determinación.

No partimos de cero. Estamos parados en hombros de gigantes, pero además, nuestra misma fuerza ha llevado adelante un trabajo inestimable de elaboración diálogo, debate. Este proceso no ha estado excento de tensiones, de momentos difíciles en donde avanzar pareciera costar más de lo necesario. Pero hemos salido adelante. Por eso, quiero reconocer en estas palabras de apertura el trabajo que han realizado todos y todas quienes han participado en el proceso que hoy nos tiene aquí. Desde el legado de la Surda, hasta el esfuerzo de cada militante que en sus distintos espacios entrega su tiempo y su esfuerzo a este sueño. Quiero en particular agradecer a todas y todos quienes han sido parte de la mesa de convergencia. Sin la pega que han realizado, seguramente esta asamblea no sería posible.

No somos los únicos que estamos dando estas peleas. A nuestro lado se levantan distintas organizaciones que también buscan recorrer este camino. Tenemos que encontrarnos, sin duda. y para ello, será pieza fundamental la unidad con la que actuemos. 

Desde el parlamento, me ha tocado ver de manera directa la descomposición de la vieja política. No queremos ser como ellos, no queremos reemplazarlos para continuar sus lógicas y sus prácticas. Queremos subvertir este sistema para construir uno nuevo, y nos une la convicción de que esto es posible. No seguiremos siendo espectadores de la forja de un mundo inhumano y ajeno, no seremos sangre nueva para viejas derrotas.

La historia es nuestra, de todos.

Como decían nuestros viejos compañeros, aquí nada termina, cada día es continuar.


Con la esperanza intacta, adelante…

Sábado 16 de Enero de 2016


lunes, 12 de octubre de 2015

Manifiesto Izquierda Autónoma Magallanes

Nos han dicho que aquí termina el mundo, nosotros afirmamos que comienza.

Nos dijeron que la historia había terminado, nosotros creemos que está en marcha. Pensaron que eran ellos el gobierno, nosotros decimos que es del pueblo.

Hoy, desde esta periferia nacional, alzamos la voz para decir fuerte que nuestra esperanza está intacta, que no nos doblegamos ante nadie, y que queremos ser los forjadores de nuestro destino.

Y no podemos hacerlo en soledad. Sabemos que la fortaleza de los pocos está justamente en la división de los muchos, es por ello que hemos decido reunirnos en un proyecto político colectivo. Fundamos así Izquierda Autónoma Magallanes, como herramienta para transformar la sociedad.

Somos magallánicos, porque la tierra en que vivimos nos define. Pero no utilizaremos a nuestra región y sus símbolos como artículo de mercadería de bazar, sino que proyectaremos nuestras luchas desde nuestra historia y vivencias comunes, desde nuestra gente y nuestro pueblo. Concientes siempre de que estas luchas no tienen fronteras, ni regionales ni nacionales.

Somos latinoamericanistas, porque nuestro continente desgarrado por la lucha de clases es también nuestro hogar. Estamos así, más cerca de un obrero empobrecido de cualquier país de nuestro continente que de un empresario chileno que explote a sus trabajadores con condiciones laborales y sueldos de miseria.

Somos de Izquierda, y buscaremos conjugar en nuestro actuar las mejores tradiciones de las y los viejos luchadores de antaño, de quienes nos sentimos uno de sus humildes herederos, con la fuerza creativa y rebelde que anida en nuestra juventud. Nos imponemos como tarea reimaginar la izquierda, porque creemos que sus partidos políticos tradicionales han renunciado a la convicción que una sociedad sin clases es posible, y hoy transitan en una triste agonía de burocratismo, electoralismo y corrupción.

Somos autonomistas, porque estamos convencidos que la democracia se ejerce día a día, y no solo cada cuatro años en la fiesta de las elecciones, a la que durante mucho tiempo los ciudadanos comunes y corrientes no hemos estado invitados.

Somos democráticos, porque los caminos que tomamos los decidimos entre todas y todos, sin vanguardias ni iluminados. Y cuando nos equivoquemos, la autocrítica colectiva será nuestra mejor aliada, cerrándole la puerta a la complacencia y la soberbia.

Somos revolucionarios, porque creemos en la fuerza creadora del pueblo, y no nos atenemos a formas ni reglas impuestas. De la acción directa a la lucha electoral, nuestros posibles no están escritos en libros ni manuales de conducta y gobernabilidad.

Somos, en definitiva jóvenes y trabajadoras, hombres y pobladores, mujeres y jubilados, estudiantes y soñadores que no nos conformamos con esta sociedad injusta, y que estamos dispuestos a luchar para transformarla.

Somos fuerza, seremos cambio.

Desde Magallanes, a cambiar Chile!

Agosto de 2015



martes, 4 de diciembre de 2012

Discurso ante la Asamblea General de la ACES (Diciembre 2011)


Asumimos la FECh a fines de Diciembre del 2011 y el año comenzaba intenso. Uno de los grandes desafíos que nos habíamos propuesto como nueva conducción de la Federación era trabajar para recomponer los lazos entre los estudiantes universitarios y secundarios, que después de las grandes movilizaciones del año que acababa, que habían sido protagonizadas mediáticamente casi exclusivamente por los dirigentes de la educación superior universitaria, habían quedado tremendamente deterioradas.

Existía dentro de los compañeros secundarios una legítima desconfianza hacia nosotros, pues sentían que habían sido dejados de lado, y que sus demandas, que tambien formaban parte importante del movimiento estudiantil, no habían sido tomadas en cuenta. A esto se sumaba el hecho de que muchos estudiantes de enseñanaza media habían perdido el año, mientras que los universitarios habíamos logrado, después de un arduo debate, terminar el semestre con clases incluso hasta Marzo.

En este contexto, y con la convicción de que solo en unidad podríamos avanzar frente a un gobierno que preparaba una ofensiva tanto en términos comunicacionales, como políticos y represivos, fue que decidimos que una de nuestras primeras actividades sería asistir a la presentación de la Propuesta Educacional de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), para entregar nuestro saludo desde una postura autocrítica, pero concientes también que la reflexión respecto de los errores y aciertos del 2011 era algo que debía ser realizado en conjunto, por lo que por lo mismo, la autocrítica debía ser compartida.

Al comienzo, arreciaron las pifias, pero creo que fue un momento importante que permitió dar comienzo a una nueva relación entre dos actores cuya unidad era requisito fundamental para seguir luchando por una educación pública, gratuita y de calidad.

Aquí el video de la intervención