lunes, 24 de marzo de 2008

La necesidad de la transversalidad de la política. Relación Fech - Facultad


Hoy, nuestra Federación de Estudiantes se encuentra posicionada como un importante actor político a nivel nacional, que participa en el debate público y es un referente a la hora de discutir, particularmente, sobre materias de educación en todos sus niveles. La Fech se ha destacado como una organización propositiva que tiene una opinión seria y responsable en los espacios de los que se ha hecho participe.

Sin embargo a nivel interno, la Fech muestra una preocupante disociación como institución, con quienes pretende tener como representados. Es así como actualmente, el estudiante común no siente a la Fech como propia, no participa de sus dinámicas y por ende, no se siente representado por la misma. Y esto porque cuando la democracia pierde sentido, actuando el concepto exclusivamente como una excusa legitimante que busca sustentarse en si mismo, y los sujetos de una comunidad se limitan a entenderla como una delegación de la responsabilidad en manos ajenas, es cuando la inercia se apodera de todos los espacios, el conformismo corroe las instituciones y las iniciativas transformadoras se diluyen en un sinfín de burocracias terminando por aceptar los problemas que nos afectan como condiciones de normalidad con las que hay que convivir.

Nosotros, dentro de nuestro proyecto de Federación, no estamos dispuestos a aceptar esto.
Es por esto que hoy, estamos aquí para reivindicar el concepto de la política. Devolverle su sentido más puro y honesto, que es la organización de los individuos para resolver por si mismos sus problemas, hacerse cargo de nuestra realidad, hacer que las cosas pasen.

Ahora bien, a nivel global, es indudable que la Universidad de Chile combina en su esencia dos conceptos que son importantísimos, tanto para su desarrollo, como para el desarrollo de todo el país. Estos son: La excelencia académica y el compromiso social. Si bien podemos tener excelencia académica de manera independiente (de hecho ese es el proyecto institucional de muchos centros educativos hoy en día), es impresentable aspirar a un compromiso social de carácter efectivamente transformador que no vaya de la mano de una real excelencia. Ahora, es incuestionable que los criterios excelentistas hace un buen tiempo ya no son patrimonio exclusivo de la Universidad de Chile, lo cual sin duda es bueno (no estamos aquí para hacer una cerrada defensa corporativa de las Universidad basada en tradiciones agotadas). Entonces, el tema es como potenciamos la calidad de la educación dentro de nuestra Universidad. Y veamos nuestro espacio local, lo que nos atañe más directamente; porque un cosa es importante entender, y es que los problemas cotidianos a los que nos enfrentamos a diario, también son de carácter político, y q también esta en nosotros la capacidad de solucionarlos. Porque nos importa tener buenas clases, porque nos importa salir bien preparados de la Universidad, porque muchos de nosotros no vamos a contar con redes clientelares ni pitutos que nos aseguren una pega, porque hoy, 7 de cada 10 estudiantes que ingresan a la U, son la primera generación familiar en hacerlo, y ven en esta instancia, una real posibilidad de movilidad social.

En Derecho, tenemos una reforma académica estancada y en cuestionamiento, no se respeta el reglamento y nos encontramos colapsados con un sistema de evaluaciones que no nos da respiro (y que por la tanto urge reformar). Pero ¿cómo se relacionan estos temas locales con una candidatura a consejero Fech? Se relacionan en la media en que entendemos a la Universidad como un todo, y no como facultades disgregadas por Santiago cada cual con sus propios proyectos aislados, se relacionan cuando nos damos cuenta de que facultades que pensamos que son radicalmente diferentes a la nuestra, comparten nuestros mismos problemas, se relacionan cuando tomamos la determinación de no seguir delegando nuestra capacidad creadora y nos organizamos en conjunto para transformar nuestras realidades.
Ahora, que les queda claro, su responsabilidad no es sólo exigir a los candidatos que cumplan, es su deber moral dejar de delegar su capacidad creadora en otros. Esa, la delegación de las responsabilidades es la más grande irresponsabilidad que se puede cometer. Porque en la medida en que no nos hagamos cargo nosotros mismos de impulsar los procesos transformadores que van a nuestro propio beneficio y del país todo, en la media en que no tengamos un sentido de pertenencia con las decisiones que tomamos, con los caminos que elegimos, esta facultad se va a ir estancando, y el criterio del mercado individualista se impondrá brutalmente sin contrapeso alguno por sobre cualquier voluntad aislada.

Y esas voluntades creadoras, que hoy divagan por nuestra universidad de manera dispersa, tienen hoy la potencialidad de converger en un organismo nuestro, de todos... La Federación de Estudiantes de nuestra Universidad.