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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Intervención Reforma Tributaria. Empresariado y política

Estimad@s, comparto mi intervención de hoy en el último trámite de la reforma tributaria. En ella, más que referirme a los aspectos técnicos de la misma (cosa que he hecho en intervenciones anteriores sobre el tema), traté de expresar la preocupación por la creciente colonización del empresariado hacia la política.

Como siempre, quedo atento a sus comentarios y críticas.

Un abrazo

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Esta reforma tiene silencios, defectos y virtudes. Tiene el inexplicable silencio del cobre, sueldo de Chile que diariamente empresas extranjeras se llevan a manos llenas sin pagar su valor real, y el silencio del IVA, impuesto regresivo por excelencia del que no se habla ni se toca. Tiene elementos con los que discrepo, en particular en la baja de la tasa del global complementario para el tramo más alto, y en la repatriación de capitales extranjeros, y tiene virtudes importantes, como el alza del impuesto de 1era categoría a las empresas y la norma general anti-elusión que Hacienda logró salvar después de sus cercenamientos tanto en la comisión de la Cámara como en el Senado.

Con todo, es una reforma necesaria. Pero mucho se ha hablado hoy de sus aspectos técnicos. Hoy quiero hablar desde otra mirada y con una preocupación.    

El día sábado salió una carta en El Mercurio titulada “Gratuidad Universal: una medida regresiva”. En ella, 47 personalidades fijaban una posición en relación a la reforma educacional. Pero iban más allá, y dictaban una pauta de cómo el Congreso debía actuar en relación a ella, aceptando algunos términos de la propuesta del gobierno de Bachelet, rechazando otros.

Los firmantes aparentemente muestran una transversalidad tremenda. Han participado de la política siendo ministros de gobiernos cívicos y dictaduras cívico-militares. Han pasado por gabinetes en educación, hacienda, obras públicas, secretarías de gobierno, de comunicación y cultura, etc. Personeros de todos los gobiernos de los últimos 40 años. Pero también de otras instituciones públicas, como el Banco Central.

Lo que es transversalidad en apariencia, mantiene un denominador común muy estrecho. Mantienen un pie firme en el empresariado. No en la pequeña o mediana empresa. En la grande, la de los grupos empresariales que hoy son de los más gravitantes de América Latina. Entonces no son ex ministras y ministros los que firman solamente. Los mismos, son a la vez miembros de directorios de AFPs, de Isapres, han participado del negocio de la educación desde de diversas universidades, muchas de ellas públicamente cuestionadas, presidentes de bancos, de sociedades anónimas deportivas, hidroeléctricas, comunicación estratégica, etc.

El control democrático pareciera ser algo cada vez más ajeno para la élite de nuestro país, que encuentra más “eficiencia” por fuera de la democracia, “influyendo”, pero al final del día decidiendo por todo el resto. Así este Congreso se ha ido deslegitimando. Y la política entera se ha desprestigiado y descompuesto. Cómo responde la élite? Juntándose en la casa del hermano de un ex ministro a discutir las indicaciones de esta misma reforma tributaria. Y no tienen vergüenza de hacerlo, “porque en la cocina no caben todos”. No se dan cuenta de cuán hondo calan sus acciones en esta ciudadanía.

La derecha no ha tenido momento de mayor debilidad en nuestra historia reciente.  Pero ahi está la vieja Concertación que aún resiste (ahi está el ex-presidente Lagos), y la subsidia, a la derecha, para mantenerla activa en su rechazo a las reformas. De este modo se redibuja, ahora como comedia, la autoritaria y estrecha “política de los acuerdos”. Acuerdos sin democracia, acuerdos de espaldas a la sociedad.

Es que el empresariado chileno ha desarrollado la capacidad de convocar al mundo político a los directorios de sus empresas, a que participen de sus multigremiales, de los directorios de sus medios de comunicación. Han colonizado la política (lo hemos visto de manera violenta en el caso Cascadas). Lo podemos ver a través de su financiamiento a las campañas, a través de la profesionalización y legitimación del lobby, de la representación de intereses por fuera de los términos democráticos, etc. Se ha dibujado una “puerta giratoria” del mundo público y privado, de los directorios, los medios de comunicación, las empresas de “representacón de intereses”, el parlamento, el ejecutivo, etc. Ahí hay una conciencia y un interés que se proyecta a la política, y toma definiciones para el conjunto de la sociedad.

Eugenio Tironi señalaba el día domingo en un programa del canal público: “los ricos siempre van a encontrar maneras para no pagar impuestos. Por eso son ricos... en buena medida”. Cuál es el camino a través del cual van a encontrar la manera de no pagar impuestos? La política.

Votaré a favor de lo que creo que es un avance, y en contra de los aspectos que estimo regresivos. Pero la preocupación por la colonización del empresariado a la política se mantiene. Por eso, aprovecho esta instancia para hacer un llamado a los senadores, para que avanzando en transparencia para la política, aprueben la prohibición den aportes reservados a las campañas y los aportes de empresas. Luchemos transversalmente por la autonomía de la política frente al dinero.



miércoles, 14 de mayo de 2014

Argumentación en votación artículo 1 de la Reforma Tributaria

Estimad@s, comparto con ustedes mi argumentación respecto de la discusión del artículo 1ero del proyecto de reforma tributaria. El texto que les presento contiene mi intervención en el debate parlamentario a la que incluí respuestas a algunos cuestionamientos que he recibido por mantener mi postura de rechazar este artículo debido a la negativa del gobierno de separar la votación. Quedo atento a sus críticas y comentarios. Un abrazo.


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Con un grupo de diputados hemos conversado y respaldado la iniciativa que presentó, en tiempo y forma Giorgio Jackson para dividir la votación de varios artículos, pero en particular del artículo 1ero en relación a la disminución del impuesto de segunda categoría para el tramo de más altos ingresos de un 40% a un 35%.

Ayer, voté la idea de legislar porque creo profundamente en la necesidad de una reforma tributaria estructural. Tengo diferencias con algunos aspectos de esta reforma, pero especialmente con sus omisiones. Lo he dicho anteriormente, que no se toque el IVA, impuesto regresivo por excelencia, pero por sobre todo, que no se toque específicamente a la gran minería, que con la complacencia de nosotros se llevan nuestro cobre, que no volverá, me parece mal. Pero ok. Estoy conciente de que si bien esta no es la reforma que me gustaría, es un avance.

Pero lo que no estoy dispuesto a aceptar, es la disminución, desde mi punto de vista injustificada al impuesto de segunda categoría para quienes se encuentran dentro del tramo más alto de ingresos. El mismo ejecutivo, al excluir de esta rebaja a las autoridades de gobierno y a los parlamentarios, señala que sería impresentable que se le bajen los impuestos a quienes reciben remuneraciones por sobre los $6.000.000 mensuales. ¿Pero por qué esta lógica aplica para las autoridades pero no para los gerentes? Se argumenta que es porque el pago efectivo de impuesto aumenta al aumentar la base imponible mediante la eliminación del FUT y el cambio de la base imponible de percibida a devengada. Pero esto es sólo cierto para quienes son parte de sociedades. Se responde que la gente que gana altos salarios y que no tiene sociedades es marginal. Pero frente a esto cabe la pregunta de fondo. ¿Por qué 35% y no 40%? La carga tributaria en nuestro país es particularmente baja, y un debate respecto del total de tramos exentos, y de cuánto porcentualmente es lo que deben pagar quienes pagan, es necesaria, y con la forma en que se presenta la votación (como un paquete y no separada), ésta se hace imposible.


La Nueva Mayoría votó en contra de este mismo punto en el ajuste tributario promovido el año 2012 por Sebastián Piñera. Es cierto que en ese ajuste no se proponía eliminar el FUT, pero el argumento contra la disminución al tramo más alto era el mismo. En la Comisión de Hacienda escuché al diputado Aguiló y al mismo presidente de la Comisión de Hacienda diputado Lorenzini, argumentar fervientemente en contra de esta rebaja. Presionemos juntos para que se vote por separado. La mayoría de quienes forman parte de la Nueva Mayoría no está a favor de este punto.

No nos vamos a someter a la política del mal menor. Yo estoy de acuerdo con eliminar el FUT, estoy de acuerdo con aumentar los impuestos a las empresas, estoy de acuerdo en aumentar las atribuciones del Servicio de Impuestos Internos. Estoy de acuerdo en definitiva con la necesidad de una reforma tributaria estructural. Pero no nos obliguen a votar estas medidas que apuntan en la dirección correcta junto con una rebaja impositiva al tramo de más altos ingresos a mi entender injustificada. De ser así, me veré en la obligación de rechazar este artículo.

Y no nos vengan con el chantaje del mal menor. Menos con la amenaza de que "si no estás conmigo estás con la derecha". Tengo la tranquilidad de que nuestros motivos, en relación a quienes históricamente han defendido los intereses de los más privilegiados, son distintos. Es este chantaje, el que precisamente mantuvo maniatada a la izquierda durante 20 años. No lo vamos a aceptar más. La política chilena no es binominal. No es Nueva Mayoría o Derecha. Habemos quienes, humildemente, representamos fuerzas emergentes que no se sienten representadas por estas coaliciones y vamos a hacer valer nuestra voz en este Congreso.

Para finalizar, hago un llamado al gobierno a recapacitar la forma de esta votación. Tienen los votos para mantener el corazón de la reforma, la eliminación del FUT y el aumento a las empresas. No amarren estas buenas medidas a una disminución con la que la mayoría no concordamos, aunque no todos puedan expresarlo.





martes, 13 de mayo de 2014

Intervención votación en general Reforma Tributaria

Estimados, comparto con ustedes mi intervención previa a la votación en general sobre la idea de legislar el proyecto de Reforma Tributaria presentado por el Gobierno.




Quisiera partir refrescando algunos elementos muy valiosos de relevar en esta discusión y que este ritmo, que responde a los tiempos del 21 de mayo, a ratos nos hace perder de vista. Porque esta reforma no viene de la nada ni aparece por primera vez en la escritura de un Programa. Es fruto de una discusión que por fuera de estas murallas la sociedad venía dando hace años.
Sus hitos de apoyo ciudadano no son las primarias o las elecciones. La política ha tenido que hacer un gesto de abandonar su estrechez para incorporar esta discusión. No estaba dentro de los planes hasta hace un par de años. Es gracias a las movilizaciones que hoy estamos hablando de una reforma tributaria, de una reforma educacional y de una nueva Constitución. Gobierno y oficialismo han declarado su voluntad para abrirse a la vocación de la ciudadanía de ir re conquistando su capacidad de ser sujetos de derecho, para recuperar la soberanía sobre la cultura y la vida propia que les ha sido despojada.

Y es que -parafraseando la carta que junto a otros ex dirigentes estudiantiles firmamos la semana pasada- durante años se prometió a los ciudadanos que su inversión en educación sería la llave para un futuro mejor. Y la expansión educacional era la principal conquista de nuestro modelo de desarrollo. Pero la promesa no se cumplió y hoy la educación es la herida por la que sangra el país. Por ella, hemos tomado conciencia de las injusticias sociales que produce el mercado y de la escasa legitimidad de nuestras instituciones políticas.

De eso se trata esta discusión. De cómo deshacer una injusticia producida por la mercantilización progresiva de la educación.

Pero cuando estas banderas, que emergen de las movilizaciones, de la calle, de los actores sociales que se organizan con autonomía de los partidos de la transición, son tomadas por los últimos, el potencial transformador se diluye, volviendo las figuras retóricas como las “retroexcavadoras” o “desmantelar la educación de mercado”, vacías y grandilocuentes intervenciones sin sentido. "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos" decía el político de moda en la bancada de la UDI, Antonio Gramsci. Y frente a estos monstruos hay que estar alertas.

Porque “el derecho a la educación” lo proponen en cohabitación de vouchers que subsidian universidades, el trato preferencia a las universidades estatales son convenios por desempeño concursables para investigación, la participación del movimiento social por la educación y en particular el estudiantil se vuelve una reunión entre muchas y que terminan en confusiones. La reforma tributaria ya no es un debate sobre cómo organizar una sociedad que reconoce sus derechos, sino en una vía pragmática de financiamiento ad-hoc a una reforma educacional encima estrecha, ambigua y parcelada. Los recursos naturales son grandes ausentes del debate, etc. No hay definiciones sustantivas

la pregunta relevante entonces es:

¿Luego de estas reformas, tendremos un Estado más o menos subsidiario?

En función de estos elementos quisiera discrepar del optimismo de algunos que ven en este Chile del 13 de mayo del año 2014, abierto un nuevo ciclo político y social. Un nuevo ciclo político tendrá nuevos actores políticos. Hoy no los tenemos. Un nuevo ciclo social debe ser sustantivamente distinto del anterior, y la vida social en Chile sigue tal como ayer, la misma sindicalización, la misma jornada laboral, mismo multirut (considerando incluso el deficiente proyecto que sobre este tema presentó el gobierno), las mismas pensiones de miseria con las mismas AFP, los mismos derechos sociales vueltos objetos de consumo, la educación, la salud, etc.

Sin embargo, en este contexto de descrédito y baja legitimidad del sistema político nosotros vemos la posibilidad de que efectivamente se abra un nuevo ciclo, pero depende de cómo nos juguemos este presente, y en ese sentido este debate es crucial.

El debate tributario parece un debate técnico, pero la verdad es que es un debate sobre cómo debe financiarse el Estado, es decir, aquello que es de todos, y por tanto, es un debate sobre qué es lo justo y sobre los deberes de cada uno de nosotros con el resto de los miembros de esta sociedad. Visto así, este no es, ni debe ser un debate entre expertos, sino uno donde debiese participar el conjunto de los ciudadanos.

Hacer una pausa antes de entrar al debate tributario permite cuestionar varios de los sentidos comunes imperantes en nuestra sociedad. Una de las propuestas de la Nueva Mayoría es la de subir la tributación de las empresas de un 20 a un 25%. Antes de entrar a comentar el ajuste, detengámonos en lo que esto significa. Que las empresas paguen un 20 o 25 % de impuesto sobre la base de sus utilidades quiere decir que la riqueza que éstas crearon no es de ellas, o no es completamente de ellas, sino que una parte relevante, un cuarto, es de la sociedad. ¿Y esto qué significa? Bueno que la riqueza creada por esa empresa no es solo mérito de ellos, quiere decir que cualquier riqueza, creada por cualquier empresa se debe, en buena medida, a los bienes que aporta el conjunto de la sociedad para que dicha creación de riqueza sea posible, y que si la sociedad no puede aportar lo que se necesita para que esta sociedad funcione, entonces no hay creación de riqueza posible.

Los impuestos no son una multa o una sanción con la que el Estado castiga la creación de riqueza, los impuestos son aquello que todos quienes son parte de la creación de riqueza le deben al conjunto de la sociedad para que ésta pueda seguir funcionando. En ese sentido, también podríamos considerar el pago de  impuestos como la manera en la cual señalamos que estamos comprometidos con el desarrollo de todos los chilenos. Cuando nos comprometemos con un proyecto político, por ejemplo,  de Educación gratuita, pública y de calidad para todos, no es sólo la expresión de un deseo. Es el compromiso cotidiano de darle la posibilidad material a todos los chilenos de que sus derechos sociales se encuentren garantizados, sin importar su condición socio-económico, raza o sexo.  Por así decirlo, en el pago de impuestos se puede cristalizar esta intención real de permitir que todos puedan acceder a estos derechos.

Me parece que cuando lo vemos así, el debate tributario toma otro cariz. ¿De quién es y cómo hay que recaudar la riqueza que se produce en Chile? Esa es la pregunta de cualquier reforma tributaria, y esa es una pregunta sustancialmente política y no técnica.

Hay cosas positivas en la propuesta de la Nueva Mayoría, sin duda. A mi me parece bien que, dada la situación económica y social del país, se suban los impuestos a las empresas y ese aumento se utilice para financiar una reforma educacional. Me parece correcto también que se elimine el FUT, aunque considerando las utilidades de las que estamos hablando, parece del todo razonable que se estableciera un plazo para que las utilidades sean retiradas.

Pese a estos avances, existen varios puntos que me parecen preocupantes de la propuesta del gobierno. La primera de ellas, el IVA. No podemos seguir con un sistema tributario basado en impuestos regresivos que cobra porcentualmente más a los que tienen menos. Ningún país del nivel de desarrollo de Chile tiene un impuesto  parecido, que por lo demás es uno de los más altos del mundo. Como no hay excepciones en el pago del IVA: los alimentos pagan, la cultura paga, y todos pagan por igual, contribuyendo a empeorar la distribución del ingreso, lo que no es menor considerando que, según la OCDE, Chile el país con la mayor desigualdad de ingresos entre todas las naciones que la conforman. Es por ello, que esta omisión es impresentable, una reforma tributaria debe apuntar a un sistema en donde se contribuya según las capacidades de los individuos.

Otra omisión, igual de grave es la minería, en particular el cobre. No se explica la ausencia. Nos referimos a aquellas industrias que tienen ganancias extraordinarias que se justifican sólo por la escasez del recurso natural. Entendemos que los recursos naturales que se encuentran en Chile son de todos nosotros. Como ha señalado Ramón López, economista de la U de Maryland, se trata de un retorno que no va a durar y que el país está perdiendo. Las 11 grandes empresas privadas de cobre en los últimos 12 años han tenido una tasa promedio de retorno sobre su capital de 85% por año. O sea, en menos de un año y medio recuperan su capital. Y el Estado chileno no ha participado de esas grandes utilidades suficientemente. Se ha estimado que el Estado pudo haber obtenido más o menos US$ 3.500 millones adicionales de parte de la minería, sin haber afectado el empleo ni la inversión en el sector.

Pese a estos datos, supongo conocidos por la Nueva Mayoría,  no existe intención de tocar el cobre. No se explica.

Por último, queremos hacer referencia al Impuesto Global complementario. Si lo que la reforma buscaba era otorgarle mayor progresividad al sistema, que se rebaje la tasa máxima de Global Complementario de 40% a 35% no tiene sentido. Esto sólo beneficia a aquellas personas con mayor capacidad contributiva, lo que de nuevo nos hace dudar.

Me gustaría ahora enfrentar algunas de las críticas que se han formulado a este proyecto:

1.      Dicen que no sabemos en qué se va a gastar la plata. La reforma tributaria, si es que mediante los impuestos ayuda a disminuir la desigualdad, es un bien en si mismo.
2.      Dicen que los grande beneficiados van a ser los bancos, Regulemos los bancos entonces, pero no retrocedamos por temor a ellos.
3.      Dicen que va a aumentar el precio de las viviendas. En Magallanes, las empresas inmobiliarias no traspasan al precio final la bonificación del 20% a la mano de obra, ¿pero me dicen que si va a traspasar el aumento del iva a la compraventa de viviendas? Regulemos a las constructoras e inmobiliarias entonces. Fijemos precios si es necesario. No podemos quedar impávidos cuando siempre estos empresarios privatizan las ganancias pero socializan las pérdidas.
4.      Que no trate la derecha de sumarse a los cuestionamientos que ha hecho el movimiento estudiantil y quienes lo apoyamos. Nuestras razones son muy diferentes.
5.      Pero que no se equivoque la Nueva Mayoría. La marcha del pasado jueves no fue a favor de este gobierno como dijo el diputado Schiling. La marcha del jueves pasado, bien lo señalaron los dirigentes estudiantiles, demostró que las movilizaciones no eran tampoco contra el gobierno de Piñera. Las movilizaciones de los últimos años han sido por una demanda en positivo, para consagrar la educación como un derecho social universal que debe garantizar por el Estado sin discriminación alguna. Y me alegro que hoy diputados de la Nueva Mayoría estén defendiendo la universalidad por sobre la focalización. Se la vamos a cobrar. No aceptaremos más gatopardismo como fue la levantada de manos en el salón Montt-Varas de la Moneda el año 2007 cuando, de espaldas al pueblo y a los estudiantes que el 2006 nos movilizamos, aprobaron con la derecha la LGE.

Cierro mi intervención invitándolos a pensar más allá de los límites de lo posible. Ampliar los términos del debate y sobre todo, permitir que la mayoría de los chilenos, los supuestos beneficiados por la reforma, se apropien de ella, la entiendan, y estén dispuestos a exigirla al conjunto del sistema. Esto es lo que ha pasado en educación y es la única manera de que reformas progresivas se hagan realidad frente a una institucionalidad tan severamente cooptada por los intereses del gran empresariado.


miércoles, 2 de abril de 2014

Intervención proyecto reforma tributaria


Estimad@s, comparto con ustedes mi intervención en la Comisión de Hacienda de la Cámara en el marco de la presentación del proyecto de reforma tributaria del gobierno. El video de la intervención lo pueden ver aquí

Muy buenas tarde señores Ministros Arenas y Rincón y Subsecretario Micco
El debate tributario, a primera vista pareciera ser un debate técnico, exclusivo para expertos y de un lenguaje que la mayoría no puede comprender. Sin embargo, si se le mira con detención, vemos que es un debate sobre cómo se financia el Estado, o sea, un debate sobre lo que es de todos por el solo hecho de ser ciudadanos de nuestro país, y acto seguido, de cómo se distribuye lo que a todos pertenece.
Es por tanto, un debate sobre la justicia, la igualdad, la equidad. Es un debate sobre principios profundos que inspiran nuestra vida en sociedad.
Creo importante partir por establecer que estoy a favor de una reforma tributaria estructural, en la que los ricos de nuestro país, paguen más, y que apunte a mejorar la distribución de la riqueza.
Teniendo a la vista estas consideraciones sobre el carácter de la discusión que nos convoca y su trascendental importancia, me surgen las siguientes preguntas.
1-. ¿Por qué, si uno de los objetivos declarados de la reforma es recaudar más, no estamos hablando de nuestro cobre? La verdad que no lo entiendo.
Creo que el rol del Congreso es precisamente ampliar los márgenes del debate, incluso más allá de lo que propone el gobierno. Y hoy, en el marco de la discusión de esta reforma, no podemos seguir impávidos frente al robo que desde hace años, vienen realizando un grupo de transnacionales con la complacencia de nuestras autoridades, llevándose en sus bolsillos los ingresos producidos por un recurso, el cobre, que no volverá.
No me explayo más sobre este asunto porque creo que es claro. Es injustificable que el proyecto de reforma tributaria no toque a las grandes empresas mineras.
2-. La presidenta dijo expresamente que esta reforma busca disminuir la desigualdad. ¿Por qué entonces, con este objetivo en mente se avanza un paso y acto seguido, se retrocede otro. No se explica Ministro, que quieran rebajar impuestos a los más ricos de este país.Sabemos que en Chile se cobra periódicamente como anticipo el impuesto de primera categoría sobre la base del flujo caja de la empresa y luego lo pagado se imputa como crédito al pago anual de impuesto a la renta personal o al impuesto adicional que pagan las empresas extranjeras que repatrian utilidades. Pero la reducción de la tasa marginal del impuesto global complementario de 40 a 35% reduce a la postre la recaudación fiscal, compensando en parte, con un aporte directo a los bolsillos de los más ricos de Chile, el efecto del alza del impuesto de primera categoría.
Además, esta propuesta plantea un problema político. Si los parlamentarios de la Nueva Mayoría se negaron a aprobar, correctamente desde mi punto de vista, la rebaja propuesta por el expresidente Piñera de 40% a 36% del impuesto marginal a la renta en 2012, no resulta coherente que 2 años después aprueben una aún mayor.
Lo que sigue estando detrás de estos enfoques, como nos recuerda Gonzalo Martner en una columna publicada esta semana, es la idea del “flat tax” de Milton Friedman, es decir, de equiparar el impuesto a la renta y a las utilidades de las empresas, terminando con la progresividad de los impuestos. No se entiende bien de qué manera esto colaboraría con la disminución de la inequidad en Chile.
3-. Con motivaciones distintas que las del diputado Melero, tampoco entiendo la gradualidad. ¿Por qué una reforma que se estima necesaria, positiva, y se argumenta que no desincentiva ni la inversión ni el crecimiento, no se comienza a implementar en régimen desde ya?
Esas, en principios son mis interrogantes sobre este proyecto.