lunes, 17 de julio de 2017

Intervención Reforma Educación Superior (12-07-2017)

Estimad@s, les comparto mi intervención en el marco del debate sobre la reforma a la educación superior. Abajo pueden leer el texto de la intervención con algunas partes que no alcancé a decir en la sala de la Cámara.



¿CÓMO LLEGAMOS HASTA ACÁ?
  • Estamos ad portas de que se cumplan 100 años de la llamada “Reforma Universitaria” de Córdoba, hito gestado por el movimiento estudiantil argentino que le exigía al Estado que la educación superior tuviera una relación con la comunidad en la que se encontraba y respondiera a los desafíos y demandas sociales.
  • Este hito fue importante no sólo para dar un sello especial a la universidad latinoamericana, sino también para los procesos de democratización que experimentó nuestro continente durante casi todo el siglo XX al alero de sus Universidades Públicas. En el fondo, en estas demandas se encuentra el fin mismo de todo sistema educacional: entregarnos las mejores herramientas para determinar de la mejor forma posible nuestros proyectos de vida individuales y colectivos. Porque finalmente, la educación es un proceso colectivo que nos permite ser más libres; enriquecer nuestra cultura, lograr una vida digna.
  • Como sabemos, este proceso fue lamentablemente interrumpido por dictaduras militares. En nuestro caso, consistió en el abandono de nuestras instituciones de educación públicas, quedando expuestas a la salvaje competencia de mercado. Ni siquiera el retorno de la democracia ha podido frenar su impulso.
  • Pero después de décadas de experimentos neoliberales con nuestra educación, las chilenas y chilenos dijimos ¡BASTA! Al igual que hace casi 100 años, ahora nuestro movimiento estudiantil, acompañado masivamente por sus familias y diferentes organizaciones de  trabajadores, exigió una educación para una vida más digna, una que respondiera no sólo a nuestros anhelos personales, sino que aportara a construir un país de todos y para todos.
  • La pregunta que debemos hacernos HOY es: ¿En qué hemos avanzado desde esa necesaria y legítima demanda por una educación para la libertad? Finalmente es eso lo que nos tiene sentados acá este día.

  • Ante la exigencia levantada por nuestro movimiento estudiantil, el Gobierno prometió incorporar como parte de su programa una reforma educacional profunda.
  • Pero lamentablemente, Sr. Presidente, no dimos el ancho. Digo esto con total responsabilidad. Creo que no fuimos capaces de estar a la altura de una de las reformas más importantes de los últimos años, de las más esperadas y en las que el Movimiento Estudiantil debía tener un rol protagónico. Y digo que no dimos el ancho por los siguientes motivos:
En primer lugar, es evidente la irresponsabilidad política con la que se tramitó esta reforma. En julio de 2016 el gobierno presentó finalmente al parlamento el proyecto de reforma a la educación superior. Antes de hacerlo lo postergó 10 veces y luego estuvo paralizado por más de 8 meses. Para colmo, se separó el proyecto de universidades estatales del resto del proyecto cuestión que sólo afectó la posibilidad de una modificación integral al sistema. Finalmente, con más de la mitad del proyecto por discutir, el gobierno obliga a resolver en una discusión de 24 horas un debate que ha durado más de 20 años. En ningún lugar del mundo que pretenda avanzar con responsabilidad en una materia tan importante como ésta se permitiría esto.


En segundo lugar, nuevamente se hace una reforma construida sin el Movimiento Estudiantil. Se presentaron propuestas e indicaciones, incluso como Frente Amplio aprobamos parte de la idea de legislar este proyecto precisamente para que este diálogo sucediera pero aún así los nudos críticos del sistema denunciados por la CONFECH siguen sin ser abordados en la reforma.
Finalmente y lo más grave de todo, es que este proyecto no ofrece una orientación clara que permita una salida al modelo de mercado que tenemos hoy. Tal como lo ha dicho el Movimiento Estudiantil, el Frente Amplio y diferentes actores sociales, el problema central de nuestro sistema de educación superior es la inexistencia de un sistema público coordinado y colaborativo que sea el eje promotor de la calidad y equidad del sistema. Lo que le permitiría a la sociedad chilena avanzar hacia un modelo de desarrollo diferente al actual.


Hoy el sistema privado masivo y lucrativo es el que conduce los destinos del sistema de educación superior chileno y esta reforma (en este proyecto y el de estatales) cambia poco el rumbo de esta situación. Además y sumado a lo anterior, el proyecto en curso no toca cuatro pilares centrales del neoliberalismo en educación superior:
      • Sigue considerando el endeudamiento de las familias un pilar central de financiamiento del sistema. En un penoso episodio, la comisión de hacienda decidió reponer el CAE. Si vamos a tomarnos en serio la gratuidad universal, entonces debemos tener mecanismos de financiamiento y ayuda estudiantil que se condigan con el principio de solidaridad y universalidad tras la idea de gratuidad.. Queremos que se financie un sistema, no instituciones aisladas que hagan lo que quieran; que se financie un proyecto que haga sentido al país y a sus diferentes comunidades, no que responda a los designios de conglomerados económicos o gobiernos de turno.
      • No toca el modelo gerencialista de gobernanza interna de las instituciones de ESUP.
      • No considera además, la precarización laboral de los trabajadores de la educación. Tanto en el sector público como privado.
      • Sigue sin dar respuesta contundente a la separación radical entre docencia e investigación en el sistema.


Ejemplo de todo lo anterior es la Universidad de Magallanes, que se encuentra sometida a un ritmo de financiamiento impresentable. Ampliando sus pregrados y abriendo carreras nuevas para captar recursos vía aranceles, sin importar las necesidades de la región y debilitando todas las funciones necesarias de una universidad pública, se le impide cumplir con su tarea central: ser el núcleo de desarrollo científico y de investigación. Hoy en la UMAG, 2 de cada 3 trabajadores “boletea”. Y de todos las asignaturas que tienen sus carreras, más de un 60% de ellas es dictada por un/a docente a honorarios ¿cómo planificar o armar proyectos de largo plazo con puro personal transitorio?
Tanto los y las estudiantes como sus propios directivos, comprenden que la posibilidad de desarrollar una casa de educación superior de desarrollo integral está hipotecada con los mecanismos actuales de financiamiento y gestión. La gratuidad que pensó este Gobierno, incluso, la dejó en una situación más vulnerable y en continua competencia con otras instituciones privadas. Nosotros nos preguntamos, ¿por qué para este Gobierno, es idéntico otorgar gratuidad a instituciones privadas que a instituciones como la UMAG?.


La ausencia de un Sistema Nacional de Educación Pública es grave y determina gran parte del resto de los problemas. Es por ello que a pesar de que este proyecto de ley contiene elementos positivos, sin una orientación clara del tipo de sistema que desea, es complejo que la educación superior chilena este algún día a la altura de lo que se espera de ella. Dentro de las cosas positivas  que reconocemos, está:  la creación de una superintendencia de educación superior con facultades de fiscalización y de una subsecretaría que aporte en la mejor coordinación del sistema. Esperamos que estas instituciones realmente se aboquen a cumplir sus objetivos, particularmente, a investigar y sancionar a las instituciones privadas que todos sabemos hoy lucran con el dinero de todos los chilenos y chilenas, La idea de que exista un sistema común de acceso. Habrá que esperar a ver si finalmente va a responder o no criterios de equidad demandados hace tanto tiempo por las y los secundarios chilenos. Que se haga obligatoria la acreditación institucional y se fortalezcan los requisitos para acreditación de pregrado. Sin embargo aún nadie comprende por qué se volvió a reponer la Comisión Nacional de Acreditación y se sacó la idea que se encontraba en el proyecto original. Es un consenso que la CNA no ha dado el ancho (si no veamos casos como la Iberoamericana recientemente) y esta por verse si lo dará ahora. Que se establezca la necesidad de gratuidad universal para la educación superior. Sin embargo, insistimos en la necesidad de enfocar recursos en la creación de un sistema antes que en la repartija desordenada a cualquier tipo de institución. Además, aún sin considerar esto, como han planteado los rectores de las casas de estudio que se han acogido al sistema el 2016, aún falta mucho por mejorar en la gestión del mecanismo y es de esperar que este proyecto mejore las críticas realizadas para que no se vean afectados los estudiantes y sus familias. Finalmente, aún es criticable que en el mismo proyecto se establezcan cortapisos tan estrictos para avanzar hacia la gratuidad universal, dependiendo de cifras específicas del PIB nacional para avanzar hacia allá.

Sr. Presidente. Las manifestaciones sociales de los últimos años han hecho posible algo histórico desde el retorno de la democracia: darnos la posibilidad de discutir las bases sobre las que estamos realizando nuestras vidas y este Gobierno tiene la posibilidad en sus manos de poner los primeros cimientos para salir de este modelo de desarrollo tan injusto y resentido. Al igual que hace casi 100 años, es el Movimiento Estudiantil el que nos ofrece la claridad y valentía necesaria para cambiar la historia: necesitamos pasar de un modelo descoordinado y segregado donde las instituciones privadas masivas y lucrativas de baja calidad dominan el sistema, a uno donde las instituciones del Estado y todas aquellas que quieran realmente aportar a construir un país en conjunto sean el pilar de la educación superior, invirtiendo los recursos y esfuerzos estatales en hacer de este sistema el motor de desarrollo del país.


Sólo de esta forma es posible tener una educación para la libertad, reflexionando sobre la sociedad que queremos. En nuestras manos está tomar nuevos rumbos y caminar hacia otros horizontes, no desaprovechemos la oportunidad.

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