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miércoles, 10 de julio de 2019

La política y la realidad.


Esta columna me la publicaron en el diario The Clinic el 27 de Mayo de 2019

Cuentan de un joven militante del MAPU que a mediados de los años ’70, en el momento más feroz de la dictadura chilena tuvo el valor de asumir labores de dirección de su partido en la clandestinidad. Se llamaba Carlos Ortúzar, y quienes fueron cercanos a él recuerdan su capacidad de escuchar en tiempos donde era más frecuente hablar (aunque tuviera que ser en voz baja), de dudar cuando era más fácil no hacerlo y de tratar de entender un sentido común que estaba cambiando a una velocidad que a la izquierda le tardó años comprender. Carlos murió en un accidente en 1978 y su memoria se ha ido difuminando con el tiempo, pero su forma de entender la política marcó a quienes compartieron con él. 

En lo que todos con quienes he tenido la oportunidad de conversar que lo conocieron coinciden es en que Carlos Ortúzar entendía que la construcción social de la política estaba antes que los discursos, las alianzas y las negociaciones, que al final del día la política se trata se construir en conjunto con el pueblo (y no solo “para” él) una voluntad de transformación de la realidad para hacer de la vida en sociedad un lugar mejor. Pero para poder transformar la realidad hay primero que entenderla y no caer en la fácil tentación de creer que la realidad es lo que uno quiere que sea.

¿Cómo entiende hoy la izquierda la realidad?

Después de los movimientos sociales que remecieron al Chile de comienzos de la década que ya se despide hubo quienes preconizaron que el modelo se derrumbaba. Años después, la Nueva Mayoría desde el gobierno trató de implementar tímidos cambios en algunos aspectos de ese modelo que seguía allí, pero lo hizo despreciando a quienes habían forjado su visión de mundo, sus temores y esperanzas, en paralelo a la maduración y consolidación de la profunda revolución neoliberal chilena. Y después, cuando la derecha nuevamente con Sebastián Piñera a la cabeza lograba un categórico triunfo en la última elección presidencial, desde la misma izquierda surgieron voces que afirmaron que quienes habían votado por Piñera no sabían lo que hacían, acuñando el despectivo concepto de “facho pobre” para explicar la derrota. 

Sin embargo, a ya casi 2 años del triunfo presidencial de la derecha, lo que parece realmente pobre es la explicación que desde los sectores progresistas se da a su triunfo, y sobre todo, la propuesta alternativa que estamos presentando a Chile quienes no somos parte de este gobierno, más allá de las disputas políticas del día a día y el canto de sirena que es el aplauso fácil por redes sociales.

¿No será que debemos cambiar de estrategia?

Para el Frente Amplio que irrumpió con fuerza en la última elección, ya no basta con la novedad ni la idea de la juventud virtuosa. Debemos (y hablo desde dentro y comprometido con el proyecto frenteamplista) ir mucho más profundo y comprender la realidad material tal cual es, para desde allí interpretarla y luchar por transformarla. Para eso hace falta ser más como Carlos Ortúzar, y darnos el tiempo para mirar, escuchar, tener métodos de análisis, y dudar. 

No es que no estemos haciendo nada al respecto. Por ejemplo cuando Gael Yeomans camina los barrios de San Miguel y San Ramón dialogando con jubilados sobre la reforma previsional, Miguel Crispi recorre los hospitales de la zona sur de Santiago para conversar directamente con quienes allí se atienden sobre la reforma a la salud, Camila Vallejo visita diferentes ciudades explicando y convocando a apoyar el proyecto de reducción de jornada laboral a 40 horas semanales, Jorge Sharp construye el nuevo plano regulador de Valparaíso con la activa participación de los vecinos o Luz Bermúdez (dirigenta sindical de la salud de Magallanes) acude a las juntas de vecinos de Punta Arenas organizando cabildos por el movimiento NO + AFP, se siente una política distinta de la del clientelismo a la que la transición nos tenía acostumbrados. Esa de ganar elecciones internas a cualquier costo, regalar tortas, premios para bingos, pagar cuentas u ofrecer cualquier tipo de prebenda a cambio de una pretendida lealtad. También cuando se constituyen comunales del Frente Amplio  a lo largo de Chile que se vinculan a las luchas sociales de sus territorios sin suplantarlas, o cuando nuestro nuevo partido Convergencia Social supera las barreras identitarias de los grupos que le dan origen y se organiza como fuerza unitaria en todas las regiones del país la política adquiere más sentido. No somos los únicos que lo hacemos por cierto, pero hay muchos a quienes pareciera que el poder por el poder les importa más que la pregunta de para qué tenerlo. 

Pero tenemos que ir más lejos.

Los conservadores de todo signo político siempre acusarán a quienes queremos impulsar transformaciones estructurales de utópicos. Ante ellos tenemos la obligación de defender la utopía como una energía que nos mueve pero con los pies bien puestos en la realidad que queremos cambiar, defender la ideología como la sistematización de una forma coherente de pensamiento que nos guía en la acción pero que no tiene sentido sin esta última, luchar por la desmercantilización de las esferas de la vida que creemos debieran ser derechos por el solo hecho de ser personas, y vincularse existencialmente al sentido común de una sociedad que cambia vertiginosamente.

Carlos Órtuzar, antes de morir a sus jóvenes 28 años, insistía que los trabajos de dirección no pueden disociarse del trabajo de base. Es allí dónde debemos volver. Pero no solo a las bases de nuestros mismos partidos a hablarnos entre quienes ya estamos convencidos, sino a la base de la sociedad, allí donde la realidad se vive desprovista de sobreideologismos que distorsionan.  

Y eso requiere tiempo, paciencia, estudio serio y trabajo. Mucho trabajo.


jueves, 5 de julio de 2018

Cuidarnos

Iba caminando por la calle junto a mi compañera y un señor de unos 55 años con un poddle al pasar al lado mio me dice "que desagradable verte". Me doy vuelta y le pregunto por qué. Me dice algo así como "porque eres político de mierda, dices puras estupideces, generas caos y me desagrada verte en la misma vereda que yo". Me le acerqué en actitud Gary Medel de "qué sucede", y si no es por mi compañera que me obligó a salir de ahi la cosa no hubiese andado bien.
Esta misma semana, José Antonio Kast increpó públicamente a una compañera de trabajo, exponiéndola públicamente y acusándola de ser una suerte de marioneta de oscuras intenciones en la movilización feminista (negándole convicciones propias), cuestionando que tuviera 32 años y estuviera "recién" en 2do año de Ingeniería Comercial, además de acusarme de corrupción por el hecho de que trabaje medio tiempo en nuestro equipo.
A su vez diariamente recibo varios mensajes del estilo de las fotos adjuntas, con variaciones alusivas a mi físico, a mi familia, y de insultos varios. Todas estas cosas, por muy acostumbrado que uno esté, van dañando de a poco por dentro.
No cuento esto con ánimo de victimizarme. Se que la pega que tengo y la lucha que estamos dando colectivamente tiene costos (preocupémonos si algún día le somos cómodos a todo el mundo). Pero si quiero hacer un llamado a nuestros compañeros y compañeras a cuidarnos entre todos, a querernos. Mientras más avancemos más violencia recibiremos por parte de quienes se sientan amenazados por nuestras ideas y propuestas, violencia que viveremos de diferentes formas, por redes, verbal o incluso física. No la naturalicemos, pero a la vez aprendamos a cuidarnos, a cultivar una cultura de militancia en donde las discrepancias se planteen de manera fraterna, donde la ironía quede fuera y donde nunca perdamos de vista que nuestr@s adversarios están fuera y no entre nosotr@s mismos.

Y por cierto, no seamos como ellos (quienes insultan y denigran) desde nuestra propia vereda.

Con la esperanza intacta...







jueves, 17 de mayo de 2018

Marea feminista

Yo era de esos hombres que en el colegio (y en algunos casos bien avanzado en la Universidad, osea, hasta hace no tanto tiempo) decía "que niñita" cuando quería reprochar a alguien su falta de arrojo, de los que trataba de "madres" con tono de insulto a los hinchas de la U, y de los que afirmaban con orgullo que no jugaría winning con mujeres, ni menos un partido de fútbol de verdad. Cuando me preguntaban qué hacia mi mama, respondía automáticamente "nada, es dueña de casa" porque no me daba cuenta que el trabajo reproductivo que realizaba día a día era el que nos permitía a los 4 hombres de la familia hacer con naturalidad nuestras actividades. Más de una vez me burlé del lenguaje inclusivo y en mi militancia política levanté el tono en muchas asambleas para imponer mi argumento, o miré el celular cuando una compañera hablaba. En una ocasión incluso, siendo ya diputado, inconcientemente ningunié a una compañera comentando con otro hombre que esperaba más de ella, pese a que en ese momento era estudiante, madre, trabajadora y además había asumido un cargo de responsabilidad política en nuestra organización. Nunca fui de decir piropos, pero en más de una oportunidad me sentí con la libertad de comentar en un espacio público sobre el cuerpo de una compañera sin su consentimiento.
Algunos creen que para ser machista hay que haber golpeado o acosado/abusado sexualmente a una mujer. Que el todo el resto son solo "pequeñas humillaciones" y que las feministas "le están dando color". Yo creo que no, que nos están enseñando después de muchos muchos años de violencia naturalizada que tienen el mismo derecho a desplegarse en el mundo con libertad. Sin miedo. Humanamente diferentes pero socialmente iguales (como a principios de siglo ya afirmaba Rosa Luxemburgo). Y eso también es una lucha de poder.
Hoy soy conciente que ser hombre trae consigo una serie de privilegios que son sencillamente injustos. Y que por lo tanto ya no basta con solidarizar con nuestras compañeras que han liderado esta lucha, no basta con decir que apoyamos, ni declararse nominalmente feministas. Tenemos también, como hombres, que despercudirnos de nuestros privilegios que hemos heredado por el solo hecho de ser hombres. Y no va a ser fácil, pero creo que es la manera más honesta de hacernos parte, sin pretender una vez más ser protagonistas, de este cambio epocal que estamos viviendo.
Hoy entiendo el valor del trabajo reproductivo, juego fútbol con una amiga, creo que el acoso callejero es violencia y respeto el doble a mis compañeras de militancia. Y aunque creo haber avanzado, no tengo cara para decir que soy feminista con todo el machismo que aun vive conmigo. Pero me comprometo compañera, a dar lo mejor de mi para erradicarlo y poder acompañar en este momento histórico. En segunda fila, pero con la convicción y esperanza de que en estos tiempos se está jugando la posibilidad de un mundo más justo e igualitario.
Gracias por tanto a las mujeres que hoy están cambiando para siempre nuestra sociedad.


miércoles, 17 de enero de 2018

¿Qué significa ser “oposición”?

Les comparto columna que me publicaron el 17 de Enero del 1018 en el Clinic con una reflexión sobre qué es lo que significa para el Frente Amplio ser oposición al futuro gobierno de Piñera. Un abrazo!

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Los términos binarios a los que nos hemos acostumbrado en la política chilena desde el retorno a la democracia deberán necesariamente actualizarse. Chile ya no es binominal y ello sin duda es una buena noticia para la representatividad de nuestra desprestigiada política institucional. Esto es producto de la emergencia del Frente Amplio como alternativa política con representación social y parlamentaria, cuya consolidación es una de las tareas a la que los frenteamplistas deberemos dedicar mucho trabajo y generosidad, para proyectar nuestro proyecto en el tiempo resguardando la  diversidad del mismo.

Y el escenario en el que nos tocará vivir nuestra primera etapa de existencia como coalición no será fácil: el segundo gobierno de Sebastián Piñera. En este contexto es relevante preguntarnos sin complejos qué rol queremos jugar en estos próximos 4 años. La respuesta no es obvia, porque pese a que la tentación podría ser afirmar ramplonamente que vamos a ser una “oposición dura al gobierno de derecha”, creo que el asunto es de mayor complejidad. 

Lo primero a identificar es la pulsión que ya se ha manifestado por parte de algunas organizaciones de la actual Nueva Mayoría de armar una gran alianza contra la derecha, que abarque desde la DC hasta el Frente Amplio. Alianzas que solo tienen en común al adversario y se pactan por arriba sin mediar procesos sociales y discusión política profunda están inexorablemente destinadas al fracaso. No nos olvidemos que como Frente Amplio fuimos críticos de parte importante de la agenda nuevomayorista y hasta ahora no han existido conversaciones serias para abordar esas diferencias. Somos proyectos distintos y es importante que cada uno tenga su propio proceso de reflexión. La recomposición de la política de alianzas en Chile es algo que tomará tiempo y mucho debate, pero no se decretará por la prensa ni en la ansiedad por la negociación de uno u otro efímero cargo.

Dicho lo anterior, es evidente que con Piñera y su coalición tenemos profundas diferencias políticas y de concepciones de mundo. Mientras la derecha chilena cree que el mercado (lo menos regulado posible) es el mejor asignador de prioridades y recursos, en el Frente Amplio tenemos la convicción que hay esferas de la vida que deben estar sustraídas del ámbito comercial, y ser aseguradas como derecho a partir del cual no es razonable hacer negocio. La determinación y extensión de estas áreas y el carácter de su provisión es un punto de debate permanente, pero al menos educación, salud, pensiones y vivienda entran en esta categoría.

Pero no basta con señalar nuestras diferencias, tenemos que ofrecer alternativas. Una de las lecciones que hemos aprendido del gobierno de la Nueva Mayoría es que la improvisación a la hora de diseñar e implementar políticas públicas atenta directamente contra sus posibilidades de éxito y apoyo popular. En ese sentido será nuestro deber no sólo decir que no a los intentos de la derecha por profundizar la mercantilización de nuestras vidas, sino paralelo a ello comenzar desde ya a elaborar profesionalmente, más allá de las consignas, nuestras propuestas. 

Por otra parte, la idea de “oposición” en mi opinión es muy reduccionista de la función que una fuerza política que no está en el ejecutivo debe cumplir. No podemos quedarnos en la reacción a las iniciativas del gobierno, tampoco basta con la elaboración de políticas públicas alternativas a las que surjan de la derecha. Tenemos que instalar nuevos temas en el debate, tanto producto de nuestras reflexiones como fuerza política con autonomía como del permanente diálogo que debemos tener con los movimientos sociales y los territorios en los que estamos insertos.

La democratización de las consecuencias de la revolución tecnológica, en particular lo relativo a la destrucción de empleos tradicionales y la concentración del capital, el feminismo y la agenda de género, la situación de la población penal, las nuevas inmigraciones, el desarrollo de nuestras zonas extremas y aisladas, qué y cómo estamos enseñando en nuestros liceos y universidades (y no solo la institucionalidad que rodea el proceso educativo), una política respecto a nuestros pueblos originarios que asuma la pluri-culturalidad de nuestro país, la institucionalidad que requiere el cuidado y estudio de nuestras áreas silvestres protegidas, entre muchos otros temas que en algún momento habrá que priorizar, debieran ser desarrollados e impulsados por el Frente Amplio independiente de la agenda del gobierno.

El concepto de ser opositores también resulta muy estrecho para entender que hay ciertos temas en los cuales las diferentes fuerzas políticas más allá de nuestras legítimas diferencias, tenemos el deber de llegar a acuerdos transversales y duraderos. El ejemplo más claro de esto es la crisis del SENAME: 1313 niños y niñas muertos que no deberían haber muerto y que se encontraban directa o indirectamente bajo la responsabilidad del Estado (ya sea vinculados a programas ambulatorios o internados en hogares de residencia estatales o en organismos colaboradores privados) debieran ser argumento suficiente para dejar los conflictos y agendas particulares de lado y abocarnos de lleno  a construir un consenso sobre la reforma que el SENAME necesita con un profundo sentido de urgencia. 

De seguro existen otros temas en los que se pueden explorar y construir puntos de convergencia para sacarlos adelante y será tarea del todos el tener la voluntad para encontrarlos y trabajarlos.

Finalmente, algo que como Frente Amplio no podemos olvidar es que la política no es solo lo que sucede en los pasillos o comisiones del Congreso, y que construir una fuerza con capacidad de realizar transformaciones estructurales en nuestro país requiere mucho más que una política electoral y parlamentaria. Nuestro despliegue en los territorios, participación en los movimientos sociales (sin jamás instrumentalizarlos ni suplantarlos) y consolidación de nuestras organizaciones más allá de los tiempos institucionales debe ser una tarea prioritaria para todos quienes nos identificamos como frenteamplistas.

El desafío es grande. Se vienen tiempos interesantes. 

martes, 9 de enero de 2018

La necesidad de un debate ideológico.

Ayer en una entrevista dije que el Frente Amplio debía tener un proceso de debate equivalente al que tuvieron las distintas corrientes del socialismo chileno desde comienzos de los '80 en lo que se conoció como "la renovación socialista", y que la izquierda del Siglo XXI tenía que despercudirse del estatismo como pilar de nuestra forma de ver el mundo. Además afirmé que para que un debate de estas características fuera posible era necesario salir de las lógicas sobreideologizadas de espacios como el CONFECh.

Estas declaraciones fueron replicadas por otros medios y dieron pie a una polémica en la que desde algunos sectores se me acusó pretender emular las conclusiones (y consecuencias) de la renovación socialista de los '80. Esto como es clásico de los "debates" de redes sociales, acompañado de todo tipo de adjetivos y suposición de intenciones.

Quienes cumplimos roles públicos tenemos el deber de argumentar nuestras posiciones, presentarlas y desarrollarlas, para que enfrentadas al debate público, estas puedan desplegarse o hundirse, según corresponda a su propio peso. Lo importante es que este debate se dé sin caricaturas, haciéndose cargo de las críticas que sean de buena fe. En ese sentido estas líneas tienen como objetivo defender la necesidad de un debate ideológico al interior del Frente Amplio que sea capaz de cuestionar los dogmas del pasado en cuanto dogmas, abordando los desafíos que presenta el nuevo escenario político nacional y global. En un próximo texto abordaré algunos de los contenidos que creo debiera tener ese debate, y en particular por qué creo necesario “desestatizar” nuestra visión de mundo, sin que ello implique una renuncia ante la pretensión de omnipotencia del mercado.

En primer lugar parto por reconocer que mi referencia al CONFECh fue desafortunada. Lo fue porque la interpretación obvia que se desprende de mis palabras es una "quitada de piso" al movimiento estudiantil, lo que está muy lejos de ser mi intención. El movimiento estudiantil ha sido uno de los pilares de las luchas sociales de los últimos años en Chile, cambiando el eje del debate público, evidenciando las contradicciones y falencias del modelo chileno centrado en la expansión del negocio privado al alero del Estado y en convertir lo que debieran ser derechos en bienes de consumo, y proponiendo alternativas para superarlo. Desarrollar aquí la importancia del movimiento estudiantil sería largo y no es el motivo de este texto, pero quienes nos formamos al calor de sus luchas desde el 2001 hasta hoy, no podemos sino apoyarlo en sus desafíos actuales.

Mi referencia a la sobre ideologización del CONFECh decía relación con que el carácter del debate y la correlación de fuerzas que existe al interior del mundo político universitario ha estado desgraciadamente muy ajeno a la realidad nacional en los últimos años. No existe una derecha seriamente organizada (tampoco lo que se conoce como “centro”), el archipiélago de las diferentes organizaciones de izquierda es incomprensible incluso para los propios estudiantes y la incapacidad endémica de enfrentar la violencia antidemocrática de pequeños grupos con pretensiones de vanguardia que por lo general se esconden en un cómodo anonimato (pero que perjudican a todo el movimiento e incluso a trabajadores/as), desde mi punto de vista ha contribuido a "emburbujar" y aislar al movimiento estudiantil.

Desde otra perspectiva esta crítica también puede ser pertinente para el mismo Congreso de la República. Una institución compuesta mayoritariamente por hombres (más del 80% en este período, y más del 75% en el que viene), que en su mayoría tienen Isapre, se atienden en clínicas privadas, ahorran mediante apv, tienen a sus hijos en colegios particulares pagados (7% del total de la matrícula) y vacacionan en los mismos lugares, no es precisamente representativo de la diversidad de la sociedad chilena.

Mi punto es que para dar un debate profundo no podemos ni caer el movimientismo atribuyéndole a los movimientos sociales una suerte de aura inmaculada que no se puede cuestionar, ni tampoco marearnos con instituciones como el Parlamento, reduciendo la política a su expresión institucional (la triste polémica por la presidencia de la Cámara es una buena advertencia de esto).

Dicho lo anterior paso a explicar mi referencia al proceso de renovación socialista.

En mi opinión desde el Frente Amplio, en particular quienes nos entendemos parte de la ancha tradición de la izquierda chilena, necesitamos un proceso de debate profundo (que puede durar incluso años), que permita darnos un marco ideológico común que dé coherencia a nuestro actuar y que sea acorde a los tiempos que nos toca vivir. Actualmente en el FA conviven distintas organizaciones, muchas de las cuales comparten lineamientos políticos pero que se encuentran dispersas producto de diferentes circunstancias, ya sea de identidad o lugar y momento de origen. Sin embargo en Chile no cabe tanta sigla para decir prácticamente lo mismo (¿alguien fuera del Frente Amplio podría señalar las diferencias por ejemplo entre el Movimiento Autonomista, Nueva Democracia, Izquierda Libertaria y Socialismo y Libertad?). 

La conformación del Frente Amplio fue un primer paso para contribuir a la representación política del malestar que se había estado incubando en el modelo de desarrollo chileno con todas sus contradicciones. Durante la campaña presidencial Beatriz Sánchez encabezó la gran tarea de convertir ese malestar en esperanza, y fueron cientos los frenteamplistas que se volcaron a construir un programa político que diera sustento a esta candidatura, recogiendo en muchas áreas demandas elaboradas desde los movimientos sociales producto de años de trabajo, luchas y debates. Pero el Frente Amplio aun no termina de cuajar. 

La preocupación que quiero plantear es que si no tenemos un debate de carácter ideológico profundo que nos dote de una lectura y marco común de acción, corremos el riesgo por un lado de ser un ente meramente reactivo, que se oponga a las iniciativas de otros pero sin capacidad de proponer nada en positivo más allá de generalidades, y por otro en convertirnos en unos bien-intencionados elaboradores de políticas públicas sectoriales sin coherencia entre ellas que dependan mucho de los técnicos y liderazgos de turno. 

Para poder hacer esto necesitamos hacernos muchas preguntas, cuyas respuestas van a requerir por cierto estudio y formación, pero también imaginación y audacia. 

¿Qué significa ser de izquierda en Chile hoy? ¿Cuáles son nuestros principios compartidos? ¿Cuál es el valor que otorgamos a la democracia? ¿Y a los derechos humanos? ¿Que evaluación tenemos de los gobiernos de la Concertación (incluido el primero de Piñera) y el de la Nueva Mayoría? ¿Cómo enfrentaremos la inevitable y permanente revolución tecnológica? ¿Cómo entendemos la integración regional y mundial? ¿Cuánta soberanía tienen hoy realmente los Estados-nación? ¿Cómo enfrentamos positivamente los procesos migratorios? ¿Cuál es el valor del trabajo y cómo redistribuimos la riqueza que entre todos generamos? ¿Podemos subordinar al gran capital? ¿En qué consiste un gobierno feminista? ¿Qué actitud y rol le cabe a los hombres en éste? ¿Cuál es el papel de la cultura en la sociedad y dónde se crea? ¿Cómo equilibramos desarrollo, igualdad y sustentabilidad del medio ambiente? ¿Cómo se descentraliza el poder? ¿Cómo se relaciona lo público con lo privado y cuál es el rol del Estado en la economía? ¿Qué es modernizar el Estado en serio? ¿Cómo fomentamos la innovación tecnológica? ¿Están nuestros liceos y universidades educando para el siglo XXI? ¿Qué tipo de organización necesitamos para los tiempos actuales? ¿Cómo se fomenta la participación en los debates públicos? ¿Cómo abordamos el envejecimiento de la población? ¿Se puede manipular genéticamente la vida? ¿Y postergar eternamente la muerte? ¿Qué posición tenemos ante el desarrollo de la inteligencia artificial?

Y así tantas preguntas que no tienen respuestas obvias ni fáciles, para las que no basta repetir lo que diga el último autor de moda o algún clásico.

En la izquierda existe una tendencia a sacralizar las posiciones, volviéndolas incuestionables y calificando de traidor a todo quien se salga del axioma. Yo quiero reivindicar el valor de la duda. De dudar de uno mismo y las convicciones propias, sin por ello dejar de defender con pasión las ideas que consideramos correctas. Dudar no es renunciar, sino más bien el ejercicio básico de todos quienes creemos que parte de la esencia de ser de izquierda es la rebeldía. Sin dudas no hay rebeldía, solo dogmas y sacerdotes.

Creo que el proceso de renovación socialista de los ’80 tuvo mucho de esto (y por eso la referencia en la mentada entrevista). No me siento identificado con sus conclusiones (más bien con sus consecuencias) porque en mi opinión terminó concediendo que no existía otro Chile posible que el que legaba la dictadura, resignándose a administrarlo y corregir sus excesos sin cuestionar su esencia de injusticia y desigualdad. No me siento interpretado por la tercera vía porque hizo de esferas que debieran ser públicas objeto de negocios, y contribuyó a la concentración de la riqueza y el poder en unos pocos. Pero pese a no compartir sus consecuencias si valoro el haber tenido la valentía de cuando las viejas verdades se derrumbaban, asumir la desnudez y sentarse a pensar de nuevo. Sospecho que la mayoría de quienes participaron de esos debates en los ’80 reivindican su necesidad pero son críticos de sus consecuencias, pero eso ya es otra historia (Moulian es de los primeros en advertirlo el '97 en su ya clásico "Chile actual: anatomía de un mito", e incluso antes Nelson Gutierrez ya denunciaba el carácter elitario y excluyente de la transición chilena en sus "Cuadernos de coyuntura"). 

Nuestro proceso no puede ser solo pensar, sino también actuar. Es en la acción donde mejor nos formamos políticamente y es al calor de la lucha donde la imaginación florece. Pero pensar y actuar deben ser complementarios. 

Siempre es más cómodo quedarse con las verdades conocidas y no cuestionarlas. Siempre resulta más fácil refugiarse en las consignas que ya gritamos antes que cuestionarlas. Pero esa comodidad es presagio de la derrota o peor aún de domesticación. Y no queremos un Frente Amplio domesticado, lo queremos rebelde y que nunca deje de dudar.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Posición segunda vuelta

Siempre he creído que quienes tenemos un liderazgo político tenemos el deber de dar cuenta de nuestras opciones y acompañarlas con argumentos que puedan ser debatidos en el espacio público. En el caso del voto en una elección presidencial con mayor razón, y considero un error escudarse en el secreto del mismo para evadir hacerse cargo de su justificación.

Como Frente Amplio impulsamos un proyecto país encarnado en Beatriz Sánchez, que por el contenido de nuestras propuestas y el tremendo liderazgo de nuestra candidata nos hizo merecedores de la confianza de miles de chilenos y chilenas, que se tradujo en más de un 20% de votación en la presidencial y una sólida bancada de 20 diputados y un senador. Pero no fuimos nosotros quienes pasamos a segunda vuelta y por lo tanto correspondía que tomáramos una posición ante el nuevo escenario. 

El debate al interior del Frente Amplio fue rico en participación, diversidad y fraternidad, siempre con la vista puesta en el proyecto común que tenemos el deber de consolidar y empujar de aquí en adelante, y que cuajó en una declaración que expresa de manera fiel lo deliberado por nuestros militantes y muchos independientes en los territorios, por fuera de los límites del binominalismo estrecho que imperó durante las últimas décadas en nuestro país.

Durante las semanas siguientes, y en virtud de lo acordado tanto por el Frente Amplio como por el Movimiento Autonomista (organización de la que soy militante), interpelamos al candidato Guillier a tomar definiciones claras sobre los temas que convocaron a más de 1.300.000 personas a confiar en nuestro proyecto. Desgraciadamente Guillier decidió, en vez de escuchar a la mayoría social que puja por cambios estructurales, sostener una visión conservadora, en ocasiones ambigua, otorgando más relevancia a un equipo económico que parecía más preocupado de tranquilizar al gran empresariado que de conectar con los anhelos y esperanzas del pueblo de Chile. Pareciera ser que en él y su comando se asentó la idea que el anti-piñerismo basta para ganar una elección. Creo sinceramente que esto ha sido un profundo error.

En esta campaña de segunda vuelta ha quedado demostrado que no podemos esperar nada de las cúpulas de la Nueva Mayoría. Nuestro desafío entonces es trabajar intensamente a lo largo de todo Chile para consolidar al Frente Amplio como la fuerza capaz de empujar las transformaciones que nos permitan superar el neoliberalismo, lo que solo lograremos codo a codo con los movimientos sociales, sin marearnos con las instituciones y poniendo siempre por delante el proyecto colectivo a los protagonismos individuales.

Ya ad-portas de la elección, el tiempo de la interpelación terminó. En la disyuntiva final de qué hacer, confieso que durante los últimos días consideré seriamente la opción de anular. Y es que me resulta violento tener que optar entre dos candidatos que no me representan en lo absoluto, y por sobre todo creo no representan la vocación transformadora y anhelante de justicia e igualdad que comparten quienes han apoyado al Frente Amplio, ni tampoco a buena parte de las bases de los partidos que sustentan la candidatura de Guillier.

Reconozco que dentro del Frente Amplio hoy conviven diferentes posturas legítimas dentro del marco de acuerdo que nos hemos dado. Pero en mi opinión (y atendiendo al voto en conciencia que ha mandatado mi organización), creo es nuestro deber situarnos en la inevitable disyuntiva del voto del próximo domingo. Hay quienes sostienen que un triunfo de la derecha no sería grave porque esto facilitaría la consolidación del Frente Amplio como mejor alternativa política. Creo que este análisis incurre en un profundo error, pues no considera las condiciones materiales de vida de miles de chilenos que se verían seriamente afectadas en su dignidad como personas. 

Soy hombre, heterosexual, blanco, chileno y diputado. No soy yo quien sufriría las consecuencias de una derecha profundamente retardataria. Los mismos que se opusieron al divorcio, a la igualdad de los hijos nacidos fuera del matrimonio, que defendieron la dictadura y que hoy se oponen al aborto, al matrimonio igualitario, ven la inmigración como amenaza y quieren militarizar la Araucanía (como ha dicho explícitamente J.A. Kast) hoy tienen la posibilidad de volver a gobernar. Responsablemente, no puedo contribuir a ello.

Por todo lo anterior, y con la profunda convicción de que el Frente Amplio es la mejor alternativa para cambiar Chile, este domingo votaré contra Piñera, marcando mi voto por Guillier.


Gabriel Boric Font

martes, 5 de diciembre de 2017

El Frente Amplio y la 2da vuelta

La declaración del Frente Amplio sobre la segunda vuelta presidencial ha causado polémica. Por un lado se acusa de ambigüedad, y por otro se nos sindica como los eventuales responsables de una derrota de Alejandro Guillier. En mi opinión, la declaración refleja de buena manera lo que fue el debate al interior del Frente Amplio después de la primera vuelta:

1-. No formaremos parte de un futuro gobierno ya que nuestro proyecto es diferente por cierto al de la derecha, pero también al de la Nueva Mayoría. Lo anterior sin perjuicio de poder llegar a acuerdos en temas determinados.

2-. Dado lo anterior no entraremos en una negociación privada ni por cargos ni por medidas. Plantearemos debate público respecto de los puntos eje de nuestro programa.

3-. Si bien ninguno de los candidatos y proyectos que se enfrentan en la segunda vuelta nos representa, reconocemos que no son lo mismo. En ese sentido coincidimos en que la derecha significa un retroceso para el país.

¿Por qué entonces no llamamos derechamente a votar por Guillier?

Porque Guillier no es solo Guillier sino también la coalición que lo respalda. Porque no podemos olvidar la aplicación de la ley anti-terrorista en la Araucanía, los ex-ministros de la Concertación de directores en las AFP's, los casos transversales de corrupción, la ley de pesca y SQM, los servicios mínimos en caso de huelga y la negativa permanente a avanzar hacia la negociación ramal, la mantención del sistema de financiamiento vía voucher en la educación pública y el incumplimiento del compromiso con las regiones para elegir a sus propias autoridades, entre muchas otras cosas.

Y es que nuestro proyecto y horizonte son diferentes, y es totalmente legítimo que así sea. Pero por lo mismo, no pueden pretender que de un día para otro tengamos el entusiasmo que a sus mismos adherentes les falta.

En los últimos días, varios integrantes del Frente Amplio, tanto dirigentes como compañeros de base, han expresado su apoyo a Alejandro Guillier en la segunda vuelta. Se han esgrimido diferentes motivos, pero el principal es evitar que la derecha llegue al poder. Está bien que cada uno exprese sus opiniones y sin duda esto está dentro de los márgenes del acuerdo colectivo al que llegamos como FA. Sin embargo yo al menos difiero de la estrategia de ir entregando apoyos individuales como cuentagotas. Creo que nuestro rol como frenteamplistas es por un lado enfrentar a la derecha y señalar, tal como expresa la declaración del FA, que esta implicaría un retroceso para el país. Pero al mismo tiempo debemos estar permanente interpelando a la Nueva Mayoría (o lo que queda de ella), corriendo sus cercos, debatiendo públicamente con nuestras ideas y programa en un ánimo constructivo pero que de cuenta también que somos proyectos distintos, que eventualmente podremos llegar a acuerdos en algunos temas sin que ello implica ni mimetizarse ni subordinación. Sumar y no ser sumados como aprendimos desde chiquititos.

En lo personal, la verdad es que yo aún no he decidido mi voto. Tengo claro que iré el 17 a votar y que no lo haré por Piñera. Pero sobre si votar por Guillier o no, lo decidiré en la recta final de la campaña en virtud de si ha recogido o no parte del espíritu de lo que planteamos al país como Frente Amplio. Como expresé en una entrevista al Desconcierto, la decisión no puede ser al calor de una suerte de subasta programática, sino más bien producto de si logramos identificar espacios de convergencia en principios compartidos. En ese sentido, yo no pretendo que Guillier sea un espejo del Frente Amplio, y sería absurdo esperar que tomara el 100% de nuestro programa, pero quiero saber con más certeza si es que él y su coalición están por terminar con el negocio de la salud o no. Si es que creen que debemos avanzar hacia un sistema público y solidario en materia de pensiones o no. Si es que descentralizar el poder en Chile es una convicción compartida en serio o no. Si es que terminar con la pitutocracia del SENAME y hacerse cargo de su crisis lo tomarán en serio o no. Si es que creen que la educación pública debe ser el eje del sistema o no. Podemos discutir gradualidades y las formas de avanzar hacia allá, pero lo importante es saber la dirección hacia donde se avanza. Y eso hasta el día de hoy, en mi opinión, esto no está claro.


En cualquier caso, nuestros desafíos, tanto como Movimiento Autonomista y como Frente Amplio son muchos. Tratarán de domesticarnos y la burocracia y el cretinismo parlamentario serán también una amenaza si es que perdemos el norte de por qué llegamos ahí. No podemos olvidar que el sentido de nuestra apuesta electoral es abrir un espacio que estaba cerrado para voces que no habían sido escuchadas, sin pretender suplantarlas. Eso implica un vínculo permanente con los movimientos sociales, un intenso trabajo territorial de nuestras organizaciones que se funda con la realidad de nuestro pueblo, una conciencia histórica que entienda que ni el mundo ni la izquierda parta con nosotros. 

La pega es mucha y estoy optimista. Pero no podemos marearnos. No va a ser fácil.

Un abrazo!










lunes, 7 de agosto de 2017

Discurso presentación candidaturas del Movimiento Autonomista


El sábado 5 de Agosto como Movimiento Autonomista presentamos nuestras candidaturas al Parlamento y a los Consejo Regionales en un acto que contó además con la participación de nuestra candidata presidencial del Frente Amplio Beatriz Sánchez. En el hablaron además de Beatriz, nuestra Secretaria General Constanza Schnönhaut, el alcalde de Valparaíso Jorge Sharp, y yo. Les comparto las palabras que tuve la oportunidad de expresar en esta instancia.

Un abrazo!


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Compañeras y compañeros:



Ayer fue 4 de Agosto. Ayer, hace 6 años, la gran mayoría de los aquí presentes estuvimos en barricadas, marchas, o golpeando cacerolas. Ayer, cuando lo recordaba, tuve la sensación que alrededor de todo Chile, muchos y muchas sin conocernos éramos parte de una misma historia, que además (algo que no es obvio), estábamos construyendo en conjunto.



Somos una generación política, y digo política a propósito para descartar desde ya las ínfulas etáreas, a la que sin duda le han tocado tiempos interesantes. Después de largo tiempo dormitando o más bien sobreviviendo, reinventándose, el pueblo chileno copó las calles de sus ciudades para exigir transformaciones ante un presente que se burlaba de él. Las deudas producto de la mercantilización de la salud y la educación, el derecho a la vivienda digna, la miseria de las pensiones, la destrucción de nuestro medio ambiente y el sacrificio de comunidades enteras por el desarrollo de unos pocos, las autonomías regionales y la violencia en todas sus dimensiones contra las mujeres han sido algunas de las causas que han impulsado la organización y movilización de amplios sectores de la sociedad. Esta sociedad exige respuestas y transformaciones, pero en esta exigencia también se encuentran los límites de su poder. ¿A quien exigimos cuando exigimos un cambio?

El período de movilizaciones sociales que ha abarcado desde los pingüinos del 2006 hasta Ni Una Menos y No+AFP el 2016, pareciera estar tocando un techo producto del desgaste de las formas de movilización y la muralla intrínseca que acompaña el carácter peticionista de la mayoría de las demandas. Como anécdota que retrata bien este punto, siempre recuerdo cuando el 2012 como vocero CONFECh me tocó asistir con otros compañeros a la comisión de educación del Senado para presentar nuestra alternativa como movimiento estudiantil al CAE, allí, luego de exponer, los senadores Ignacio Walker y Ena Von Baer nos dijeron casi al unísono: “Muchas gracias chiquillos por su exposición y de verdad les agradecemos haber puesto este tema sobre la mesa. Ahora déjennos a nosotros solucionarlo que somos los que podemos y sabemos como hacerlo”. Más allá del desprecio y arrogancia que escondía esa frase, lo cierto es que en ese 2012 tenían algo de razón. Desde los movimientos sociales les estábamos exigiendo, a los mismos que habían creado y profundizado el modelo mercantil de educación, que lo transformaran estructuralmente, hacia un sistema que consagre derechos por fuera de las lógicas de mercado. Lo mismo se aplica en la discusión sobre descentralización, aborto, pensiones, reforma laboral y tantos otros temas. 


Pero ya no estamos en 2012 y ya no tenemos que delegar nuestras ganas de cambiar esta sociedad en justamente quienes crearon este modelo y se acomodaron a él. Este acto de hecho, es la prueba palmaria de ello. Hoy, presentamos las candidaturas de nuestro Movimiento Autonomista al parlamento y con ello declaramos que en conjunto con las demás fuerzas que componen el Frente Amplio estamos por la construcción de una nueva fuerza política, que se enfrentará en todos y cada uno de los lugares de Chile a la Derecha y a la Nueva Mayoría, y que lo haremos al calor de las disputas sociales de las cuales en todos estos años hemos sido parte. 

Pero también, al calor de este año electoral declaramos firme y claro que no nos perdemos. Lo electoral es un medio y jamás un fin, y por lo mismo todas nuestras candidaturas se sustentan en la vinculación con las luchas que surgen de las contradicciones que genera el modelo neoliberal en nuestros territorios, y se presentan como una alternativa que aprende en conjunto con nuestro pueblo. Sin soluciones mágicas y sin pretensiones de vanguardia, sin conformismo ni resignación. 

Es por ello que el como autonomistas nuestra reflexión y trabajo tiene el deber de ir más allá de la coyuntura, y comenzar a plantearnos preguntas estratégicas para el período que viene. Y es que estamos en tiempos de cambio donde ya nos sirven las viejas respuestas que la izquierda elaboró en siglo XX. Aprendemos de ellas sin duda, de sus virtudes y fracasos, pero hoy es necesario pensar fuera de la caja de la vieja izquierda.





Quiero aprovechar este espacio para plantear 4 ejes que me parecen importantes en el debate actual:

1-. Desigualdad: Resulta interesante evaluar el problema de la desigualdad en Chile (que se ha instalado como uno de los temas más importantes del debate público nacional y mundial) a la luz del segundo principio de justicia que planteó el filósofo político John Rawls. Rawls afirma que las desigualdades sociales y económicas se solo justifican cuando están configuradas de tal manera que van en beneficio de los más desfavorecidos de la sociedad. Este principio ha resultado ser un problema relevante para la izquierda puesto que se ha utilizado como justificación moral para el crecimiento económico como prioridad política y la focalización del gasto como respuesta a la pobreza. En estos meses en donde se ha ido consolidado la amenaza de una regresión conservadora, orquestada por los poderes fácticos de nuestro país en particular el gran empresariado y secundada por los medios de comunicación serviles o funcionarios de estas élites, incluso están tratando de convencernos de que la desigualdad se estaría reduciendo en Chile, por lo que no debiera ser un problema central a abordar, sino justamente la prioridad debiera ser el crecimiento. 

¿Qué es lo que dicen los datos?

Según el informe que recientemente realizó el PNUD , es posible que la desigualdad, una medida esencialmente relativa, se reduzca aun aunque las distancias absolutas entre los hogares aumenten. Un ejemplo puede aclarar el punto. Según la encuesta Casen, el año 2000 los hogares ubicados en el primer decil tenían en promedio un ingreso de $20.040 per cápita (en moneda de 2015). El ingreso per cápita en el decil más alto era de $801.000. Entre 2000 y 2015 los ingresos del decil 1 crecieron en un 145% real, mientras que los del decil 10 lo hicieron en 30%, por lo tanto la desigualdad entre ambos grupos disminuyó; sin embargo, en términos absolutos los hogares del decil 1 aumentaron su ingreso real en $29.000, mientras que los de los hogares del décimo decil crecieron en $239.000, casi nueve veces más. 

Este ejemplo nos plantea uno de los problemas que vamos a tener que enfrentar este período. Cómo conversamos, aprendemos y avanzamos con nuestro pueblo que objetivamente ha visto mejoras concretas en su calidad de vida respecto de su pasado inmediato, mientras la derecha por un lado le dice que el status quo es la mejor manera de seguir progresando y la Nueva Mayoría (o en lo que sea que se transforme) le dice que sólo basta con corregir los excesos, sin transformar la esencia (la discusión sobre pensiones es muy ilustrativa en este punto). Nosotros queremos cambiar la esencia, pero como bien decía Pedro Luis Ferrer, “la política no cabe en la azucarera”. Aquí nos falta mucho por elaborar aún.

2-. El problema del Estado: Nos privatizaron la salud, la educación, las pensiones. Pero por sobre todo, nos privatizaron el Estado, que hoy funciona en la práctica como un privado más. En este contexto, ¿Es la conquista del Estado el objetivo que debemos perseguir como autonomistas? La respuesta es si y no, o cómo nos gusta decir a los militantes de cualquier izquierda, es condición necesaria pero no suficiente. El Estado para que sea realmente un lugar desde donde (también) empujar la transformación social, requiere a su vez ser transformado. No se trata solo de cambiar a quienes gobiernan hoy y redistribuir las riquezas que se generan dentro del territorio, sino cambiar el modelo de desarrollo y por cierto trabajar en la correlación internacional de fuerzas para que algo así sea posible (sino preguntémosle a Venezuela o a Syriza). Otro ámbito en que desde Chile aún estamos en pañales.

3-. Feminismo: El feminismo ha venido no solo a reivindicar el espacio que ocupa la mujer en nuestra sociedad, sino la toma de conciencia del modelo patriarcal en el que hemos crecido como comunidad. Deconstruirlo no es fácil y como hombre privilegiado y crecido en una sociedad machista el feminismo ha significado un cuestionamiento a todo. Realmente a todo. Es tarea de organizaciones como la nuestra el hacer del feminismo una forma de ver el mundo que impregne toda nuestra política, y también cuidarlo de no convertirse en trinchera solo de convencidas y convencidos. 

4-. Ética y principios: Hoy, en tiempos en que la opinión pública y parte del periodismo actúa como jauría, saltando de un lado a otro buscando presas mediáticas para después olvidarlas, existe la tentación en la política de seguir sus tiempos y efímeras pasiones, poniendo por encima el ganar un aplauso fácil antes que la defensa de los principios que nos inspiran. Debemos combatir conscientemente esta tendencia tan amplificada de quienes “piden cosas que no quieren y hacen de lo lindo algo imbécil” (en palabras del gran Jorge González).

En estos contextos, también resulta fácil sumarse al coro de descalificaciones de quienes no aceptan opiniones diferentes a las propias y tienen siempre el adjetivo en la punta de la lengua. Creo importante en estos momentos recordar a Camus, quien en tiempos de intolerancia decía: ”No permitir nunca que la crítica se convierta en insulto, admitir que nuestro oponente puede tener razón y que en cualquier caso sus razones, aunque malas, pueden ser desinteresadas”, y también una frase que he marcado como guía: “en política, la duda, debe seguir a la convicción como una sombra”.

En definitiva, reimaginar la izquierda en los tiempos que vivimos requieren de toda nuestra convicción, de todo nuestro trabajo, de toda nuestra imaginación. Como alguna vez me dijo un gran profesor, hacer honor a la tradición no consiste en ponerse en viejo sombrero que alguna vez uso el abuelo, sino en comprar uno nuevo, como alguna vez hizo el abuelo.

Muchas gracias











lunes, 3 de julio de 2017

Reflexiones post primarias


1-. El Frente Amplio lleva 6 meses de existencia y con solo un alcalde, 3 diputados y 35 veces menos recursos que la derecha (según los datos públicos del SERVEL) ayer se consolidó como una alternativa política seria en todo el país. Falta mucho por trabajar pero es un muy buen primer paso.

2-. El 1er desafío para nosotros ahora es consolidar el proyecto colectivo. Y en esto ayer Alberto Mayol y quienes trabajaron con él dieron una señal muy clara al ir a saludar a Beatriz Sánchez, hablar juntos y ponerse a disposición del proyecto conjunto. Más allá de las diferencias naturales de un proceso electoral, lo que nos une es mucho más grande, y que eso se haya visto claramente reflejado ayer es un motivo de gran alegría que en la vereda del frente sencillamente no tienen.

3-. Tenemos que saber conciliar amplitud y radicalidad. Solo seremos radicales si somos capaces de convocar mayorías, como lo hizo el movimiento estudiantil, Ni Una Menos y los movimientos feministas, la coordinadora No+AFP, los movimientos regionales en sus respectivos territorios. Y eso se logra siendo claros en nuestras definiciones a la vez que nos atrevemos a ir más allá de quienes ya están convencidos. No es fácil pero es necesario, y tengo la convicción que Beatriz Sánchez tiene todas las condiciones para liderar este desafío.

4-. Tenemos motivos para estar contentos por lo avanzado, pero sin autocomplacencia. Nos hubiese gustado más participación (no tiene sentido negarlo ni justificarse en malas excusas), y la derecha demostró que es un duro adversario. Tenemos mucho por crecer sin duda, pero si nos relajamos en noviembre la derecha nos gana. A no dormirnos.
5-. Las irregularidades que se dieron con personas que no pudieron votar por estar inscritas en partidos en los que no firmaron son inaceptables. El SERVEL tiene que aclarar que pasó en estos casos, y de comprobarse que hubo inscripciones fraudulentas, los partidos que las realizaron deben ser duramente sancionados. Si hay partidos dentro del Frente Amplio que hayan incurrido en esas prácticas debemos ser categóricos en la condena y evaluar sanciones. Ni un espacio a defensas corporativas.
Cómo decía un lienzo del 2011, vamos lento porque vamos lejos.
Con la esperanza intacta...





viernes, 6 de enero de 2017

Sobre la CEP, una breve reflexión

La aprobación que tenemos con Giorgio solo tendrá sentido si logramos transformarla de adhesión personal a adhesión en un proyecto colectivo. Y ese proyecto colectivo hoy por hoy es el Frente Amplio que estamos construyendo.
A su vez este Frente Amplio no puede limitarse solo a la disputa electoral. Si bien lo electoral es un espacio donde hay que estar y competirle en todos lados sin concesiones a la derecha y a la Nueva Mayoría, nuestra prioridad debe ser la formación de núcleos territoriales que sean parte y a la vez impulsores de las luchas sociales del pueblo de Chile. Esto implica asumir un desafío complejo: en tiempos de desprestigio e indiferencia de la política, salir con fuerza a reivindicar la política como herramienta de transformación colectiva. Reimaginándola, pero defendiéndola.
No nos mareemos con encuestas ni elecciones, la superación del neoliberalismo y la construcción de un nuevo orden solo será posible si convocamos a una mayoría social para hacerlo en conjunto. Y esa pega es larga.
Si no, corremos en el riesgo de caer en el cretinismo parlamentario. Y ese riesgo tenemos que combatirlo recordándonos permanentemente pq y para qué estamos donde estamos.
A seguir poniéndole